Τρίτη, 5 Φεβρουαρίου 2013

ΡΟΥΜΕΛΗ

Roumeli no se encuentra en los mapas actuales de Grecia.  No es una demarcación política ni administrativa sino una  denominación regional, casi coloquial; similar a lo que en  Inglaterra llamamos el West o el North Country, los Fens o  el Border. Su extensión ha variado y su ubicación también  ha ido cambiando de modo algo impreciso. Hace unos si­ glos señalaba, a grandes rasgos, el norte del país (en oposición a Morea, el archipiélago y las deshabitadas provincias de Asia Menor), desde el Bósforo hasta el mar Adriático, y de Macedonia al golfo de Corinto. Tras la guerra  de la Independencia, el significado del nombre se redujo  y pasó a designar sólo la parte sur de esta vasta superficie:  la cinta montañosa de territorio situado entre el golfo y la  frontera norte. Esta línea separaba el nuevo reino de Grecia de los irredentos parajes que políticamente pertenecían  aún al Imperio otomano, y se prolongaba desde el golfo de  Ambracia hasta el golfo de Volos. Las guerras balcánicas  y la Primera Guerra Mundial hicieron avanzar las fronteras griegas. Se produjeron dos grandes saltos en dirección  norte y se duplicó la extensión del país; pero en boca de los  griegos modernos Roumeli sigue limitada a aquella zona  entre el golfo y la antigua frontera. Con ciertas reservas,  de modo algo arbitrario y también algo autoritario, quizá  seducido por la rareza y la belleza del nombre—el acento  cae sobre la primera sílaba, haciendo de Roumeli un dactílico—, he regresado a esta temprana y holgada denominación para dar cobijo a mis vagabundeos. El uso de este  término obsoleto y flexible me exonera de hallar su estricto equivalente moderno, y al mismo tiempo otorga una ilusoria apariencia de unidad a estos viajes hechos al azar. Y, lo que es mejor, el propio trisílabo está lleno de ecos y alusiones, soterrados significados profundamente vinculados al tema principal del libro. 
Grecia está cambiando con rapidez, y la mayoría de lo  que se escriba sobre ella estará en cierto modo pasado de  moda el día en que vea la luz. La transcripción de estos viajes, emprendidos hace algunos años, y todos ellos motivados por abstrusas razones personales, conformaría una guía engañosa. Los cómodos coches cama han reemplazado a los destartalados autocares rurales, carreteras estupendas se abren camino atravesando el corazón de remotos pueblos y los hoteles brotan por doquier. Monasterios y templos a los que hasta hace bien poco sólo se podía acceder mediante solitarios y empinados ascensos, ahora sirven de dramático escenario para breves escalas técnicas de viajes multitudinarios altamente indoloros y sofisticados. Es la primera vez, desde Juliano el Apóstata, que el humo de los vehículos envuelve sus columnas, y el viajero necesita retirarse hacia las recónditas tierras del interior si quiere que su oído permanezca fuera del alcance de los transistores. Para muchos, todo esto es una fuente de beneficios materiales necesarios y, por supuesto, motivo de alegría. Y el ocasional griego o extranjero que disienta siempre puede retirarse, con paso majestuoso y petulante, a regiones más salvajes alejadas de los caminos trillados.

Patrick Leigh Fermor: Roumeli. Viajes por el norte de Grecia (Acantilado)

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