Δευτέρα, 5 Μαρτίου 2012

ΜΕΡΕΣ ΑΛΕΞΑΝΔΡΕΙΑΣ 2

El invierno no dura demasiado en Alejandría; tal vez no llega nunca de verdad al centro de la ciudad. Las altas olas que lamen las paredes de las primeras casas a orillas del mar y las lluvias frecuentes no bastan para dar a los alejandrinos la sensación de un invierno riguroso. Durante todos aquellos años, Járamis no guardaba un único recuerdo de nieve espesa y pesada en los sicomoros de Mamudieh; sus conciudadanos consideraban los copos blancos un capricho divino, un error de la naturaleza que ya se sospechaba que no volverían a aparecer tan pronto.
Sea como fuere, el invierno de 1914-1915 pasó como una nube por el cielo de Alejandría. Pronto llegó la Navidad, con los abetos, los nacimientos y sus figuras, los ragalos, las recepciones, las filas delante de los almacenes y las iglesias cristianas. Por las tardes, Elias y Arapidis tomaban una copa en la terraza del club Mohamed Ali, conversaban con Banqueros y comerciantes de algodón y admiraban a las mujeres elagantes que iban de compras a los boutiques de Sherif Pashá. En el club, el Libanés jugaba y perdía mucho, mientras Yvette echaba pestes viendo los beneficios del burdel desparecer como el humo. La sombra de la guerra en Europa no empañaba el ambiente de fiesta que reinaba en las calles. En los cafés de los barrios populares de Attarine y de la calle de Anastassi, los griegos jugaban a las cartas y se emborrachaban en las tascas. En las residencias acomodadas del Barrio Griego las recepciones estaban en pleno apogeo. No era raro que recibieran dos o tres invitaciones al día, lo que les permitía elegir la velada. Adonis celebró los Reyes en su casa el día de Año Nuevo –Kostís obtuvo la moneda de oro- y en la fábrica tres días más tarde. A mediados de enero hizo lo mismo con el personal de sus amores clandestinos en Sultán Husseín y pasó una noche en una suite de lujo del Shepheard, en los brazos de Yvette. A principios de febrero, entregó la primera parte del pedido de cigarrillos al ejército británico y puso en marcha la construcción de una nueva ala en su fábrica. Había obtenido un préstamo bancario muy decente del banco Land, gracias a su director, Kiriakos Asprakis, hermano de la mujer de Zanasis. Las dos familias habían vuelto a establecer relaciones y Kostís había reemprendido tímidamente sus visitas a Bab Sidra. Los acontecimientos mundiales no hacían mella en Alejandría. La rigurosa censura impuesta por los británicos detenía como un dique las noticias de los frentes de guerra. Los que sabían exactamente lo que estaba pasando en el mundo exterior –entre ellos Elias- eran muy pocos. El ataque de Yamal Pashá contra los británicos en el canal de Suez llegó a la ciudad como un eco lejano.
Sin embargo, en las fiestas de carnaval no hubo desfile de carrozas. Fue triste para Majos, a quien le volvían loco, al igual que las pequeñas peladillas de yeso envueltas en papel de colores, las carnandoli. La artillería pesada de los que participaban en la “batalla del carnaval” se redujo a simples habichuelas. Los célebres bailes de Esquilo y de Alhambra no se llevaron a cabo. A modo de premio de consolación, los niños se conformaron con los numerosos bailes de disfraces que dieron las familias.
Dimitris Stefanakis: Los Dias de Alejandría (Lumen, 2012)

Τετάρτη, 29 Φεβρουαρίου 2012

ΑΝΤΙΟ, ΑΛΕΞΑΝΔΡΕΙΑ 2


No podía imaginarme a la buena de Fatma, la mujer que ayudaba a mi madre en las faenas de casa, ni a ninguno de los egipcios a los que conocía, causándonos daño de ningún tipo, pero sentía que mi presencia no era grata porque no pertenecía a su mundo. Los egipcios, los «moros», como los llamábamos al igual que a todos los demás árabes, eran personas buenas y compasivas. Los que estaban más próximos a nosotros nos querían aunque fuésemos extranjeros y viviésemos en su país mucho mejor que la mayoría de ellos. A quien temía era la muchedumbre xenófoba y fanática. Una consigna, un mínimo pretexto podía incitarlos de nuevo a la revuelta. Nada en nuestra vida cotidiana parecía inquietante y, a pesar de todo, sentía que se acercaba el momento de partir.
Deseaba que nos diera tiempo a marcharnos pacíficamente. Tenía la impresión de que mi patria, aunque estuviera tan cerca, se encontraba lejos como una nube. Una vez vi en el cine un reportaje sobre Grecia; las lágrimas que se desbordaron de mis ojos no bastaban para describir al amor inimaginable que sentía por mi país.
Pero ¿cómo nos verían a nosotros, los egiptiotas, nuestros compatriotas griegos? ¿Nos recibirían de buen grado o volveríamos a ser extranjeros, y esta vez en nuestra propia patria?
Sería mucho más fácil para mí sentirme extranjera en Australia, en Sudáfrica o en América que en Grecia. Nuestra mentalidad debía de ser parecida a la de los griegos. Habíamos conservado con obstinación las costumbres y tradiciones griegas, nuestra lengua y nuestra religión; pero, por otra parte, habíamos tenido otras vivencias, otra historia, y recibido muchas influencias extranjeras, occidentales y quizá también islámicas. Como dijo Kavafis en si poema «Regreso de Grecia»:

Es preciso reconocerlo de una vez:
Nosotros también somos griegos. ¿Qué otra cosa somos?
Con amores y emociones
que a veces al helenismo le extrañan.


Cuando años después llegué a Grecia con mi madre, vi que mis temores estaban en cierto modo justificados. Nuestra pobre patria intentaba ponerse en pie tras dos guerras mundiales y una civil, y desde luego los enjambres de refugiados que llegaban de Egipto no contribuían precisamente a mejorar la situación. Fue preciso que libráramos una fuerte batalla. La lucha para aceptarnos, sobrevivir e integrarnos fue larga y difícil, y cada uno de nosotros la afrontó a su manera. Y qué difícil es cuando una parte del alma queda atrás, en el lugar donde uno ha nacido.
Dafni Alexandru: Adiós, Alejandría (Destino,1998)

Σάββατο, 25 Φεβρουαρίου 2012

ΑΝΤΙΟ, ΑΛΕΞΑΝΔΡΕΙΑ 1

Nací en la famosa ciudad portuaria de Alejandría, de padres griegos, egiptiotas de la colonia helena egipcia. Ya de pequeña sabía que Egipto era un domicilio provisional para mí. Me sentía como una intrusa porque pertenecía a una minoría. Una minoría que sin embargo tenía fuertes lazos históricos con Egipto, especialmente con Alejandría. Una minoría que había vivido, creado y puesto unos cimientos muy sólidos en el desarrollo agrícola, industrial y cultural del Egipto moderno. Pero ¿qué habíamos construido para nosotros mismos? Fabulosos castillos de arena sobre un terreno que no era sólido, que no era nuestro; por eso, un día, con la marea de los acontecimientos se vinieron abajo. Mi generación, suspendida entre dos mundos y orgullosa de pertenecer al helenismo egipcio, lo pagó especialmente caro.
Crecí con miedo y con sensación de inseguridad; no cabía duda: un día tendríamos que marcharnos de la ciudad a la que tanto amábamos. Desconocía cuándo y cómo, y lo único que deseaba era que nos marcháramos pacíficamente, antes de que se produjesen acontecimientos como los de 1882, que en la historia de Egipto quedaron ligados al nombre de Arabí. Su terrible recuerdo, un eco transmitido de generación en generación, oprimía como una pesadilla mi alma infantil. Por aquel entonces, no obstante, desconocía qué los había provocado.
Dafni Alexandru: Adiós, Alejandría (Destino,1998)



Aunque de origen griego, Dafni Alexandru nació en Alejandría, ciudad donde pasó su infancia y adolescencia. Actualmente vive en Grecia, donde se ha dedicado al estudio de las lenguas, a la traducción y a la ensayística. Es autora del volumen de relatos Marsa Matruj y otros cuentos insólitos. Su novela Adiós, Alejandría, un éxito literario en Grecia, es el primero de sus libros traducido al castellano.
Se trata de una evocación de la historia reciente de Alejandría, de sus habitantes y su ambiente, tan singular y cosmopolita. La narración -basada en experiencias personales y en testimonios ajenos- abarca unos setenta años de la historia de Alejandría: la última época del protectorado inglés de Egipto, la independencia en 1922, el periodo monárquico de Faruk, la II Guerra Mundial, la revolución de 1952 y los inicios del largo gobierno de Nasser.
La autora narra de un modo ameno, leve, lleno de anécdotas muy humanas, con un tinte de lirismo y sentimiento que hace amable lo normal y llena de comprensión los sucesos dramáticos o angustiosos que ha vivido la ciudad y especialmente la amplia colonia de extranjeros. Su testimonio es también un canto a la tolerancia étnica, religiosa, política y cultural. Es un libro bien hilvanado, mezcla de narración autobiográfica, reportaje histórico-costumbrista y recuerdo nostálgico de una ciudad legendaria.
Ángel García Prieto

Δευτέρα, 20 Φεβρουαρίου 2012

ΜΕΡΕΣ ΑΛΕΞΑΝΔΡΕΙΑΣ 1

Dimitris Stefanakis: Los Dias de Alejandría (Lumen, 2/2012)
Los días de Alejandría es la historia de una familia, pero es sobre todo la historia de una ciudad vista por los hombres y las mujeres que vivieron en ella cuando aún era una de las ciudades más hermosas del Mediterráneo. La historia arranca justo antes de la Primera Guerra Mundial, cuando Antonis Hamaris intenta gobernar su negocio de venta de tabaco y al mismo tiempo educar a sus hijos y disfrutar de los placeres de su amante Yvette. La acción sigue en los años treinta, cuando los dos hijos de Hamaris se trasladan a Berlín para seguir los dictados del nuevo régimen impuesto por Hitler, y finalmente, después de la Segunda Guerra Mundial, veremos otra vez a los mismos personajes de vuelta a Alejandría y dispuestos a lidiar con un mundo que ya ha cambiado.
Espléndida combinación de personajes ficticios y reales, Los días de Alejandría ha sido comparada con El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell y es una novela que ya ha triunfado en Europa.


Dimitris Stefanakis nació en Grecia en 1961 y estudió derecho antes de dedicarse a la traducción de grandes autores como Bellow, Updike o Margaret Atwood, entre otros. Ha publicado varias novelas, con un buen éxito entre la crítica de su país y con Los días de Alejandría, fue galardonada con el Prix Mediterranee a la mejor novela extranjera, dio el salto al mercado internacional.



Πέμπτη, 16 Φεβρουαρίου 2012

"ΣΥΡΙΑΝΑ ΔΙΗΓΗΜΑΤΑ". ΚΡΑΤΙΚΟ ΒΡΑΒΕΙΟ ΜΕΤΑΦΡΑΣΗΣ ΣΤΗΝ CARMEN VILELA

Premio Nacional de Traducción otorgado por Grecia 2011
De Emmanuil Roídis, una de las grandes figuras literarias del siglo XIX griego, son conocidas en España dos obras, La papisa Juana, su única novela, y una selección de ensayos, Paseos por Atenas, ensayos y estudios históricos, en la que queda patente su valor como crítico y ensayista. Ambas han sido publicadas por el Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla y traducidas por Carmen Vilela.
El presente volumen recoge su mejor creación desde el punto de vista literario, los Relatos, tanto los llamados Relatos de Siros, como otros de carácter biográfico sobre sus viajes al extranjero. En ambos casos la anécdota es un pretexto para censurar el presente. Junto a los Relatos se incluyen brevísimas reflexiones, que hemos llamado Fruslerías con las que Roídis se nos revela como un precursor del microrrelato y nos recuerda a Borges. Desde el punto de vista del estilo, en estas obras de madurez el aguijón del joven Roídis se ha dulcificado algo con los años. La sátira es menos dura, los sarcasmos son más raros y los comentarios desmitificadores, más moderados y concisos, comparados con los implacables análisis y caracterizaciones de La Papisa. No obstante, la gracia y el ingenio de sus escritos de juventud no han perdido frescura y nos cautivan igualmente.
CARMEN VILELA GALLEGO es especialista en Filología Clásica y traductora de griego clásico y moderno, lengua ésta que perfeccionó en Grecia, becada por la Unión Europea y por la Fundación Costas y Heleni Uranis, y con estudios de nivel superior dirigidos por la Universidad de Salónica. Ha desempeñado una amplia tarea divulgativa del Mundo Clásico Grecolatino impartiendo conferencias, ponencias y seminarios.
Tiene en su haber numerosas publicaciones y artículos en revistas y prensa diaria, así como materiales multimedia sobre temas relacionados con la Antigüedad, lo que le ha hecho merecedora de un premio otorgado por la Junta de Andalucía. Ha traducido a Esquilo, Eurípides, Aristófanes y Menandro, así como obras de la literatura neohelénica, entre las que merece destacar La Papisa Juana. Un estudio sobre la Edad Media y Paseos por Atenas, ensayos y estudios históricos, ambas obras de E. Roídis, publicadas por la Universidad de Sevilla. La traducción de La papisa Juana le ha merecido el Premio Nacional de Traducción de la Unión de Editoriales Universitarias, 2007 y el Premio Andaluz de Traducción, 2007. Por su traducción de Paseos por Atenas ha quedado finalista en el Premio Nacional de Traducción otorgado por Grecia en el año 2009. (servicio.us.es, 2010)

Τετάρτη, 15 Φεβρουαρίου 2012

ΕΡΩΤΟΚΡΙΤΟΣ 2

EROTÓKRITOS

Antología de la Poesía Griega (Desde el siglo XI hasta nuestros días) [Ediciónes Clásicas, 1997]
Trad.: José A. Moreno Jurado

Παρασκευή, 10 Φεβρουαρίου 2012

ΕΡΩΤΟΚΡΙΤΟΣ 1


Antología de la Poesía Griega (Desde el siglo XI hasta nuestros días) [Ediciónes Clásicas, 1997]
Trad.: José A. Moreno Jurado.

Teatro Acropol, Atenas, 2011-12
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