Σάββατο, 18 Αυγούστου 2018

ΓΚΡΕΜΙΖΟΝΤΑΣ (ΕΛΛΗΝΙΚΟΥΣ) ΜΥΘΟΥΣ


Kim De Molenaer

Quebrando mitos

Palermo, 12/6-16/11/2018


Δευτέρα, 9 Ιουλίου 2018

ΗΡΘΕ ΣΤΟ ΦΩΣ Η ΙΣΩΣ ΠΑΛΑΙΟΤΕΡΗ ΕΠΙΓΡΑΦΗ ΜΕ ΣΤΙΧΟΥΣ ΤΗΣ ΟΔΥΣΣΕΙΑΣ

Sale a la luz en Grecia la inscripción más antigua de «La Odisea», de Homero
Según los primeros estudios de los arqueólogos la losa pertenecería a la época romana y probablemente sea anterior al siglo III a. C.


Una placa de arcilla encontrada en el sitio arqueológico de Olimpia, en el Peloponeso griego, podría ser la inscripción más antigua que se conserva de «La Odisea» de Homero, según anunció hoy el Ministerio de Cultura heleno. 
«La placa de barro es probablemente el extracto más antiguo de la epopeya de Homero que haya salido a la luz hasta ahora y, más allá de ser única, es un hallazgo epigráfico, arqueológico, filológico e histórico importantísimo», explicó el ministerio en un comunicado. Según los primeros estudios de los arqueólogos la losa pertenecería a la época romana y probablemente sea anterior al siglo III a. C.
El hogar de los primeros Juegos Olímpicos escondía cerca de su famoso santuario este hallazgo en el que están inscritos trece versos de la decimocuarta rapsodia de «La Odisea», pertenecientes al discurso de Ulises a su criado Eumeo. En la obra, Eumeo es un porquero fiel a su señor, al que acoge cuando regresa a Ítaca disfrazado de mendigo. 
El descubrimiento se realizó en el marco de la investigación geoarqueológica «El sitio multidimensional de Olimpia», que durante tres años ha estudiado los alrededores del santuario de este yacimiento con la participación de arqueólogos griegos y alemanes. El equipo señaló que la estimación de la antigüedad de la placa será confirmada con un estudio sistemático de las inscripciones que ya ha comenzado. 
«La Odisea» es uno de los principales poemas épicos de la Antigua Grecia y narra el regreso a su hogar tras la guerra de Troya del héroe Ulises, conocido en griego como Odiseo. Este poema es junto a «La Ilíada», atribuida también a Homero, uno de los primeros ejemplos de la literatura occidental.  (abc.es, 

Πέμπτη, 5 Ιουλίου 2018

"ΑΣΤΕΡΩ" ΚΑΙ "ΔΑΦΝΙΣ ΚΑΙ ΧΛΟΗ" ΣΤΟ ΗΡΩΔΕΙΟ



Una proyección de las primeras películas griegas Dafnis and Chloe and Astero, restauradas por el Greek Film Archive, con música original del compositor Filippos Tsalahouris.



Dafnis y Chloe (1931)
La trama sigue un romance pastoral entre los personajes del título. La versión original y muda de la película se proyectó con éxito en el extranjero, en Polonia, Rumania, Alemania y Estados Unidos. Dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial, Laskos también lanzó una versión sonora. El cinematógrafo Dimitris Meravidis hizo uso de la película pancromática, su primer uso en una película griega, para definir claramente los diferentes tonos de gris.
La filmación tuvo lugar completamente en el lugar, en la isla de Lesbos, con la excepción de la famosa escena de natación, que fue filmada en el lago Vouliagmeni. La heroína aparece desnuda, exudando sensualidad cruda. La escena también se destaca por ser la primera escena explícitamente desnuda en la historia del cine europeo. En 1969, Laskos filmó un remake.
Tras una investigación en Grecia y en el extranjero, el Greek Film Archive pudo restaurar la edición original de la película. La restauración se completó en 1992, bajo la guía del propio director, ensamblando la película, fotograma por fotograma, y ​​reconstruyendo las tarjetas de presentación originales.



Astero (1929)
La tercera producción de DAG Film representa las aventuras del personaje principal, una pastora enamorada, interpretada por una popular actriz de la época, Aliki Theodoridou. El guión de Pavlos Nirvanas se basa libremente en la novela de Helen Hunt Jackson, Ramona, sobre el amor prohibido entre dos nativos americanos (D. W. Griffith había adaptado la novela a la gran pantalla). Astero se encuentra en una aldea montañosa, en algún lugar del Peloponeso. El rico pastor Mitros vive junto con su esposa Asimina, su hijo Thymios y su pupila, la doncella Astero. Thymios y Astero están enamorados el uno del otro; sin embargo, Mitros organiza el matrimonio de Astero con el acaudalado pastor Stamos. Cuando matan a Stamos y Astero se vuelve loco, Mitros, viendo que su hijo se está consumiendo, le revela que toda su fortuna le pertenece a Astero y lo alienta a casarse con ella.
Este nuevo subgénero, la 'foustanella' o 'aventura pastoral / bucólica' era extremadamente popular en ese momento; varias películas pastorales, tanto silenciosas como habladas, siguieron sus pasos. La idealización de la vida rural griega proporcionó un escape de la dura realidad de la vida cotidiana. En aquel entonces, los intelectuales griegos aún no se habían centrado en el proletariado urbano. Las películas de esa época adaptaron motivos melodramáticos y temas pastorales de obras de teatro y películas internacionales. En enero de 1944, una versión de sonido de Astero, con una banda sonora de Yiannis Vidalis, se estrenó en cines. En 1959, Dinos Demopoulos rodó un remake bien conocido, protagonizado por Aliki Vougioulaki en uno de sus primeros papeles cinematográficos.
La restauración de Astero se basó en una impresión con intertítulos franceses, descubierta en la Cinémathèque Française en 2003, gracias al programa Lumiere, financiado con fondos comunitarios, que desde 1993 redescubre películas perdidas en los archivos de países de todo el mundo. La restauración de la única copia sobreviviente de la película es el resultado de una colaboración entre la Filmoteca griega y la Cinémathèque Française.

Κυριακή, 1 Ιουλίου 2018

Η ΓΕΝΟΚΤΟΝΙΑ ΤΩΝ ΕΛΛΗΝΩΝ ΤΟΥ ΠΟΝΤΟΥ






El genocidio griego (también denominado genocidio de los griegos pónticos) es un término controvertido usado para referirse a los eventos a los cuales se vieron enfrentados los griegos pónticos antes y durante la Primera Guerra Mundial. Estos términos se usan para referirse a persecuciones, masacres, expulsiones y marchas de la muerte de las poblaciones griegas en la región histórica del Pontos, las provincias al sudeste del mar Negro en el Imperio otomano, durante los albores del siglo XX por la administración de los Jóvenes Turcos. Se ha argüido que las matanzas continuaron durante el Movimiento Nacional Turco liderado por Mustafa Kemal Atatürk quien había organizado la lucha contra la invasión griega de la Anatolia occidental. De acuerdo a diversas fuentes, la cifra oficial de griegos muertos en Anatolia fue de 300 000 a 360 000 hombres, mujeres y niños. El reconocimiento oficial de tales eventos es limitado, y el hecho de que estos incidentes constituyan un genocidio ha estado bajo debate. El gobierno turco sostiene que al llamar estos actos «genocidio», el Gobierno griego «reafirma la tradicional política griega de distorsionar la historia». Turquía, del mismo modo, ha negado la veracidad histórica de los contemporáneos genocidios armenio y asirio. (es.wikipedia.org) 



Theofanis Malkidis: EL GENOCIDIO GRIEGO
Traducción: Daniel Cruces Perez
Los Griegos del Imperio Otomano, en el Ponto (Mar Negro), Tracia, Asia Menor, Capadocia, son una parte especialmente significativa de los griegos fuera de Grecia, la cual después de una existencia continuada en esta zona particular, fue forzada a abandonarla mediante medios violentos. La contribución indiscutible de los griegos al estatus cultural, político, financiero y social de esta área se ha superpuesto muy frecuentemente a la realidad local y se ha esparcido también a otras localidades.
El renacimiento de los Griegos del Imperio Otomano coincidió con la prosperidad demográfica de la población y el deseo general de libertad, que fue más fuerte en el dominio europeo.  Al mismo tiempo, durante el siglo 19, a pesar de que las reformas en el estado otomano sólo se implementaron parcialmente, el pueblo griego tuvo la capacidad de tomar ventaja de ellas.
El siglo 20 fue el máximo de la “primavera” de los Griegos, el Renacimiento de la vida social, financiera y educativa en el Ponto, Tracia y Jinia-Asia Menor, sin embargo la situación interna (los Jóvenes Turcos) y subordinada a ella la externa (las guerras Balcánica y Mundial) influyeron sobre su nuevo estatus. El pueblo Griego no sólo era tratado institucionalmente como ciudadanos de clase inferior, sino que su presencia era un obstáculo importante en la implementación de los planes racista-chauvinistas de los Jóvenes Turcos y los kemalistas, o seguidores de Mustafá Kemal (“Attaturk”, o “padre de los turcos”, en esta lengua). Las persecuciones que comenzaron poco después del inicio de la Primera Guerra Mundial, aumentaron durante la guerra, y continuaron hasta culminar después de 1919, cuando Mustafá Kemal adquirió el poder de-facto en el vacilante estado otomano.
Las persecuciones, que entonces se volvieron genocidio, fueron el momento más trágico en la vida del Ponto, Tracia y Jonia-Asia Menor, y 1’000’000 de Griegos, de una población Griega total de más de 2’600’000 (censo de 1914) perdieron sus vidas.
El Genocidio Griego es uno de los mayores crímenes contra la humanidad que aún permanece sin castigo, visto que una parte importante de la nación griega que habitaba en los territorios del estado otomano fue asesinada.
Los Griegos que sobrevivieron, fueron exiliados en condiciones inhumanas, con el objetivo de su exterminio total, y miles fueron convertidos al islam y permanecieron en Turquía, mientras que los que escaparon a este asesinato en masa se volvieron refugiados por todo el planeta. La mayor parte se podía encontrar en Rusia y la Unión Soviética, y en Grecia, y posteriormente en Alemania, los EUA, Canadá y Australia. Han sido necesarios muchísimos años para que pidiesen recuperar su identidad y memoria históricas. El asesinato masivo de los griegos del Ponto, Tracia y Jonia-Asia Menor fue un crimen innegable, un crimen que el mundo entero conoció después de un período inicial de silencio. Turquía, los Jóvenes Turcos y los kemalistas organizaron e implementaron el genocidio de las poblaciones griegas nativas, desde 1914 hasta 1923.
Aún así, el estado turco niega el Genocidio de estas poblaciones y distorsiona la realidad al tratar de librarse de su gran responsabilidad. La política de reacción de Turquía frente al tema del genocidio contra las poblaciones indígenas continuamente usa la misma excusa: la amenaza griega y armenia contra el Imperio Otomano, el estado de los Jóvenes Turcos, y el orden establecido por Mustafá Kemal.
Consecuentemente, los Griegos, Armenios, Asirios y otros, desde 1908 hasta 1924 sufrieron el exterminio y persecuciones. De esta forma se cometieron el asesinato en masa y el desarraigo de las poblaciones históricas de su tierra natal. Esa fue de hecho la “solución final” para el problema griego y armenio. Fue la “solución final”, fueron los primeros genocidios del siglo 20, y como no hubo ningún tipo de castigo, fueron seguidos por el Holocausto. “Quién recuerda a los Armenios?”, dijo Hitler mientras planeaba su propia “solución final”, y fue él mismo quien reveló el tema del Genocidio Griego, solo para evitarlo posteriormente en Constantinopla, Imbros, Ténedos y Chipre.
Casi un siglo después, la política turca de negación del genocidio no ha cambiado en nada, al menos en lo que concierne a los políticos y gobiernos turcos, aunque en los últimos años cada vez más personas en Turquía tratan de denunciar la verdad histórica.
El estado actual no permite que estas opiniones disidentes sean oídas, o tiende a criticarlas o suprimirlas por todos los medios posibles, como el asesinato del periodista Armenio Hrant Dink en el 2007.
 “La lucha de la humanidad contra cualquier imposición es la lucha de la memoria contra el olvido”, escribió el famoso autor checo Milan Kundera. Y está totalmente en lo cierto: aunque muchas personas, que no están relacionadas con la humanidad, ignoran los crímenes históricos por razones políticas, financieras y de otros tipos, la humanidad está obligada a enfrentarse a ellas con todas sus fuerzas. Al pasar el tiempo, esto no será más un obstáculo para los griegos y para los pueblos democráticos a lo largo y ancho del mundo, y definitivamente también en Turquía. Todos estos pueblos no olvidarán ni abandonarán esta lucha, porque saben que más tarde o más temprano llegará el momento en que sea impensable negar el Genocidio de los Griegos, y la batalla de la memoria contra el olvido será resuelta. Sólo entonces los pueblos vivirán pacíficamente, verdaderamente hermanados y en amistad, y la luz habrá derrotado a la oscuridad.
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Theofanis Malkidis PhD, es enseñanza en el departamento del lenguaje, de la literatura y de la cultura de los países delMar Negro, universidad de Thrace, Grecia.
El suyo investiga refiere a Genocidio y a asuntos internacionales en los Balcanes y en el Mar Negro.

Τετάρτη, 27 Ιουνίου 2018

ΠΕΡΣΕΣ

SOMBRA (DE DARÍO): Ellos han sido, pues, los que han causado este desastre inmenso, inolvidable que esta ciudad de Susa ha despoblado como nunca otro igual lo consiguiera, desde el día en que Zeus, el señor nuestro, nos concediera el privilegio inmenso de que un solo monarca sobre el Asia con su cetro de jefe gobernara. Pues Medo fue nuestro primer caudillo, y un hijo suyo culminó la empresa —la sensatez su espíritu guiaba—. Ciro, el tercero, un hombre afortunado, estableció la paz entre los suyos, durante su reinado. El pueblo lidio y el frigio conquistó, y la Jonia entera sometió por la fuerza. Mas el numen nunca le fue enemigo, al ser piadoso. La hueste dirigió el hijo de Ciro en el cuarto lugar; Mardis fue el quinto, el baldón de su patria y del antiguo trono real, pero el noble Artafrenes lo asesinó en palacio astutamente, unido a quienes la empresa asumieron. Y yo, que, por la suerte, había obtenido lo que tanto anhelaba, numerosas campañas emprendí, con fuerte tropa. Mas nunca tanto mal causé a mi patria. Jerjes, empero, mi hijo, que era joven, mucha ambición tenía, y olvidose de mis consejos. Porque, camaradas, debéis saberlo bien: ni todos juntos los que hemos gobernado en esta tierra le hemos causado tantos sinsabores.


SOMBRA (DE DARÍO): […] Y de vosotros, ancianos, me despido: pese a todo, aunque llenos de desdicha, conceded a vuestro espíritu el gozo de cada día. Que a los muertos la riqueza ya para nada les sirve.
Esquilo: Los Persas
traducción: José Alsina Clota




Τρίτη, 19 Ιουνίου 2018

ΓΡΑΜΜΙΚΗ Α', ΓΡΑΜΜΙΚΗ Β'

El lineal A es una escritura de la civilización minoica de Creta. Se empleó del siglo XVII al XV a. C para escribir el idioma eteocretense. La escritura sólo ha podido ser descifrada en una pequeña parte. 
Se conocen aproximadamente 70 caracteres silábicos, 100 caracteres con significado propio (que se combinan en parte con los caracteres silábicos y han podido ser determinados así) y diversos signos de cifras. Comparte al menos 55 caracteres con su contemporánea la Lineal B. 
Se ha llamado a la lengua escrita con este sistema minoica o eteocretense, lengua que nos es desconocida. Aunque la lengua eteocretense nos es desconocida y no se ha podido incluir en ninguna familia de lenguas, se ha deducido el valor de muchos de los signos por medio de la comparación con el lineal B, de forma más o menos segura. La gran cantidad de logogramas permite deducir el contenido de los textos encontrados. Las notas grabadas en tablillas de barro servían para la administración, lo que permite entrever las relaciones económicas de la época. La escritura en tablillas de barro no es muy práctica, es muy poco adecuada para el grabado de líneas como las empleadas en el lineal A. De ello se deduce que se escribía principalmente sobre otros materiales que han desaparecido, como el papiro o el pergamino. Las tablillas de barro no eran más que para tomar notas que sólo se guardaban durante un año contable. Han sobrevivido gracias al incendio de los edificios en los que se encontraban los archivos, con lo que el barro se coció y se han conservado el material y los textos. 


La Lineal B es el sistema de escritura usado para escribir el griego micénico, aunque fue usado principalmente con fines administrativos, desde el 1600 hasta el 1110 a. C.Precedió en varios siglos al uso del alfabeto para escribir la lengua griega. El lineal B consiste en signos silábicos, es decir, que cada uno de los signos representa una sílaba, y de un gran número de signos ideográficos. 
En 1900, sir Arthur Evans encontró los primeros vestigios en Cnosos (Creta). 
El arquitecto inglés Michael Ventris descifró este sistema de escritura en julio de 1952. M. Ventris llevaba investigando desde joven y en 1940, con sólo 18 años, publicó su primer artículo sobre la materia, titulado Presentación de la lengua minoica. 
El desciframiento fue posible debido a tres factores: 
- la reunión de un gran volumen de material (unos 30.000 signos),
- el uso de un método sistemático de chequeo (cuadrícula silábica) con el que analizaba la repetición de signos, 
- y la casualidad de que la lengua escrita en lineal B era un antepasado del griego, una lengua sumamente atestiguada y conocida por los filólogos. 
En 1950 Ventris ya había identificado 9 signos, había detectado el empleo de vocales muertas y el parecido del lineal B con el silabario chipriota. El desciframiento de Ventris se completó con la ayuda de John Chadwick, profesor de Cambridge y filólogo especialista en griego arcaico, y con las aportaciones de otros estudiosos (Alice Kober, Emmett L. Bennett, Jr., etc.). 
El mismo Ventris anunció el desciframiento en la radio BBC en Londres en 1952. Su alocución fue seguida por John Chadwick, quien se animó a colaborar con él. El desciframiento fue corroborado por el arqueólogo Carl Blegen, quien poseía una tablilla desconocida para Ventris (PY Ta 641) y cuya interpretación, según el entonces reciente descubrimiento, fue sorprendentemente exacta. 
El periodo de implantación del Lineal B estaría situado antes del Heládico Reciente I (momentos anteriores al 1600 a. C.), cuando la cultura micénica estaba más en auge, pues parece ser que ya en el Minoico Reciente III estaba plenamente desarrollada a nivel lingüístico y paleográfico. Sabemos con seguridad de su uso durante el 1300 a. C. en Pilos, Micenas, Tirinte, Tebas, La Canea y Cnosos. 
Acordar el lugar en el que fue creado este sistema de escritura es controvertido, pues para algunos investigadores su lugar de origen se encontraba en Creta y para otros en la Grecia continental. No se ha hallado ningún vestigio arqueológico ni paleográfico distintivo en ninguno de los dos lugares que permita a los estudiosos posicionarse definitivamente. 
La finalidad de prácticamente todas las inscripciones que tenemos era la de registrar la administración del palacio durante un periodo de un año. Cuando pasaba el año administrativo, se destruían las tablillas y se comenzaba de nuevo. Tenemos, sin embargo, algún caso de tablillas que aún se guardaban del año anterior. Las tablillas son listas de compras, ventas o entregas de productos manufacturados o materias primas (prendas, bronce, aceite...), de ganado o de esclavos a particulares, talleres u otros palacios, inventarios (de armas, carros, caballos...), ofrendas a deidades o a santuarios (de miel, vino...), listas de trabajadores de palacio, su trabajo y remuneración etc. 
A pesar de que los textos son monótonos, nos han ayudado a conocer de primera mano aspectos de una sociedad anterior a la griega arcaica, de la que tenemos muchos más datos. Con estas listas hemos podido descubrir cómo funcionaba el gobierno de esta cultura, los tipos de trabajos dentro del palacio, cómo era su economía, nombres de los principales dioses, tipos y partes de armaduras y carros, valor de las unidades de medida, fases de elaboración de algunos objetos manufacturados, nombres de territorios, fiestas populares, nombres de meses (pero en muchos casos no tenemos mayor información que el propio nombre), etc. No hay ningún tipo de inscripción de tipo literario, ni parece una posibilidad muy viable por el tipo de escritura que es el Lineal B que las haya habido. (es.wikipedia.org) 


Παρασκευή, 15 Ιουνίου 2018

ΚΝΩΣΟΣ. ΜΙΑ ΚΟΣΜΟΠΟΛΙΤΙΚΗ ΠΟΛΗ ΣΤΗΝ ΑΝΑΤΟΛΙΚΗ ΜΕΣΟΓΕΙΟ



Cnosos, en Creta, es célebre por su palacio, el más antiguo de Europa. Sus coloridas pinturas murales muestran el juego cretense del salto del toro: un individuo realiza una cabriola por encima del fiero animal, que no consigue embestirlo. El palacio es célebre, a su vez, por sus numerosas habitaciones y niveles, con un diseño intrincado que pudo originar el mito del Laberinto de Creta. El rey Minos encargó su construcción al arquitecto Dédalo para encerrar al Minotauro, el monstruo de cuerpo humano y cabeza de toro por el que tanta pasión sentía Pasífae, la esposa de Minos. Atenas perdió una guerra contra el rey Minos y este les impuso el siguiente tributo a los atenienses: cada nueve años debían mandar a Creta siete muchachos y siete doncellas para que fueran devorados por el Minotauro.
La historia y la leyenda se funden en Cnosos. La civilización minoica vivió su apogeo a mediados del segundo milenio a.C. Un cataclismo originado en el volcán de Thera, la actual Santorini, pudo causar el declive de esta civilización. La civilización micénica pudo aprovechar esta situación de crisis para controlar la isla con relativa facilidad. Hay mucha controversia al respecto.
Un estudio reciente de la Universidad de Cincinnati sostiene que Cnosos no sólo se recuperó del colapso sociopolítico sufrido alrededor del año 1200 a.C., tras la erupción minoica, sino que además "creció rápidamente y prosperó hasta convertirse en un centro cosmopolita de las regiones egeas y mediterráneas", explica dicha universidad en un comunicado.
¿En qué se basan los arqueólogos? La investigación sobre el terreno ha permitido extraer la siguiente conclusión, totalmente sorprendente: los hallazgos correspondientes a la Edad del Hierro temprana (1100-600 a.C.) demuestran que "Cnosos fue rica en importaciones y unas tres veces más grande de lo que se creía hasta ahora". El estudio reciente se ha centrado en el desarrollo urbanístico que experimentó Cnosos en el siglo XI a.C., al comienzo de la Edad del Hierro y tras la destrucción de los palacios minoicos en la Edad del Bronce.
En la última década se han recuperado numerosos fragmentos cerámicos y otros artefactos de la Edad del Hierro, "dispersos por un área extensa que no había sido explorada". No sólo es importante la cantidad de piezas halladas, sino también su calidad, pues las importaciones incluyen objetos de bronce y otros metales procedentes de la Grecia continental, Chipre, Oriente Próximo, Egipto, Italia, Cerdeña y el Mediterráneo occidental. "Ningún otro sitio del período egeo [o prehelénico] tenía tal gama de importaciones", corrobora Antonis Kotsonas, asesor del proyecto, de la Universidad de Cincinnati. (nationalgeographic.com.es)



Πέμπτη, 7 Ιουνίου 2018

ΚΡΗΤΗ. Η ΑΝΑΚΑΛΥΨΗ ΤΗΣ ΚΝΩΣΟΥ

El palacio de mil estancias
Las intrincadas estancias del palacio de Cnosos llevaron a Evans a creer que se trataba del célebre Laberinto del Minotauro. En la imagen, entrada norte al palacio, con el relieve de un toro. 


Restauración de Cnosos
Escudos en forma de ocho cubren los muros de la la llamada «Sala de las Dobles Hachas», en el palacio de Cnosos, que fue reconstruida por Arthur Evans.

Grifo tendido
Una serie de grifos, animal fantástico con cuerpo de león y cabeza de águila, decoraban la Sala del Trono. Se cree que, en este caso, la restauración es bastante fiel. 


Arthur Evans y su equipo
Imagen tomada durante la reconstrucción del palacio de Cnosos. Museo Ashmolean, Oxford. 
La lengua minoica
Arthur Evans nunca logró descifrar el contenido de las tablillas descubiertas en Cnosos. Sí concluyó que se distinguían dos tipos de escritura, o más bien dos lenguas, el Lineal A y el Lineal B, y que correspondían a inventarios, pues fue capaz de diferenciar la gran cantidad de listados y «números» que en ellas aparecían. En la imagen, tablilla micénica con escritura Lineal B. museo de Heraclión 
Procesión de jóvenes
Unos jóvenes de cuerpo esbelto, vestidos con el típico faldellín minoico, portan recipientes para una ceremonia religiosa. Fresco de las Procesiones, Cnosos. 

Damas de azul
Esta famosa imagen fue pintada por Gilliéron a partir de unos pocos fragmentos del original. Copió los rostros de otro fresco de Cnosos, el de los Coperos.

Creta, el descubrimiento de Cnosos
nationalgeographic.com.es
A mediados del siglo XIX, los orígenes de la antigua Grecia estaban envueltos en la oscuridad o, en todo caso, en el mito. Por entonces, la historia de Grecia solía empezarse con la primera Olimpiada (776 a.C.), y lo acaecido antes pertenecía al dominio de dioses y héroes legendarios como los que poblaban los poemas de Homero.
Todo cambió gracias a un alemán, Heinrich Schliemann, que en 1870 anunció que había descubierto, en un promontorio del oeste de Turquía, las ruinas de Troya,el escenario de la mítica guerra relatada por Homero en la Ilíada. Poco después, el mismo Schliemann excavaría Micenas y Tirinto, dos de las ciudades griegas de las que procedían los guerreros homéricos. La Grecia micénica, como se denomina el período entre 1600 y 1150 a.C., no era una ficción poética, sino una realidad demostrada por la arqueología.

Estos hallazgos tuvieron un gran impacto en el resto de investigadores.

En 1882, un joven inglés visitó a Schliemann en Atenas. Llegó con una carta de presentación de su padre, un renombrado geólogo y anticuario a quien el alemán había conocido en Inglaterra. El joven escuchaba sin gran interés a Schliemann hablar de Homero; lo que de verdad le atraía eran los objetos micénicos con grabados diminutos, que examinó cuidadosamente con sus ojos de miope. Eran tan distintos del arte griego clásico que le fascinaron, no porque compartiera el empeño del investigador alemán en asociarlos a la edad homérica, lo que ya era una osadía para la época, sino porque creía que eran incluso anteriores.
Ese joven era Arthur Evans. Había nacido en 1851, cerca de Londres, y a los quince años visitó con su padre, John Evans, las excavaciones paleolíticas del valle del Somme, en Francia. Ahí surgió su pasión por la arqueología. Más tarde, siendo estudiante de Oxford, dedicó los veranos a viajar por yacimientos arqueológicos de Europa, especialmente en los Balcanes, donde el paisaje y la mezcla de culturas le entusiasmaron; de allí volvió a Londres vestido como un turco: pantalones bombachos, faja carmesí y chaqueta sin mangas.
Cuando en 1878 se prometió con Margaret Freeman, mientras visitaban la exposición londinense de las antigüedades troyanas de Schliemann, la convenció para instalarse en Ragusa (la actual Dubrovnik, en Croacia), donde Evans se convirtió en corresponsal del diario The Manchester Guardian.
De nuevo en Londres, Evans consiguió el cargo de conservador del Museo Ashmolean, de la Universidad de Oxford, que en el siglo XIX reunía una de las más ricas colecciones arqueológicas de Europa. Pese a ello siguió visitando yacimientos en Europa con el pretexto de adquirir nuevas piezas para el museo. Su mujer, Margaret, siempre iba con él, hasta que cayó enferma de tuberculosis y falleció en 1892.

Creta, la isla de Minos

Tras la muerte de su esposa, Evans dirigió su mirada a Creta. La isla era un foco de atracción arqueológica; desde hacía décadas, los arqueólogos iban tras las huellas del legendario rey Minos, quien, según el mito, encargó a Dédalo la construcción del Laberinto donde se ocultaba el monstruoso Minotauro –mitad hombre, mitad toro–, al que el príncipe ateniense Teseo dio muerte con ayuda de la hija del rey, Ariadna.
Un arqueólogo griego, Minos Kalokairinos, creyó haber hallado los restos del Laberinto en unas excavaciones realizadas en 1878 en el montículo de Kefala, cerca de Heraclión, donde, según la tradición, se hallaba la antigua ciudad de Cnosos. Kalokairinos despertó la curiosidad de otros arqueólogos, incluido Schliemann, pero el lugar al final no fue excavado. Por su parte, el arqueólogo italiano Federico Halbherr investigó otros yacimientos de la isla y halló gran número de inscripciones.
En Oxford, Evans prestó especial atención a las inscripciones halladas en Creta, sobre las que Halbherr y otros estudiosos le mantenían informado. Evans estaba entonces interesado en los orígenes de la escritura griega. Estaba convencido de que "en el territorio griego, donde la civilización echó sus primeras raíces en suelo europeo, debió de haber existido un sistema de escritura primitivo.
En el Museo Ashmolean había analizado unos sellos con inscripciones, anteriormente clasificados como "fenicios"; Evans, sin embargo, advirtió que los símbolos se parecían a los de inscripciones cretenses recientemente descubiertas y concluyó que correspondían a un sistema de escritura desconocido, anterior a la escritura griega. En 1893, en un viaje a Atenas, compró una serie de sellos, supuestamente originarios de Creta, con intrigantes signos. Evans decidió que tenía que investigar la cuestión en persona, aunque tuviera que renunciar a su puesto en el Museo.

En el reino de Minos

Evans llegó a Creta en marzo de 1894. Tras un encuentro con Halbherr y Kalokairinos, enseguida se dirigió al yacimiento de Cnosos. Una primera inspección le confirmó el gran interés del lugar: "En cuanto lo vi, sentí que era muy importante porque era el centro en torno al que giraban todas las leyendas de la Grecia antigua", recordaría más tarde. Pero el gobierno otomano, al que pertenecía Creta, ponía impedimentos: obligaba a los arqueólogos a comprar las tierras que querían excavar, cosa que, por ejemplo, había rechazado Schliemann. En los años siguientes, Evans hizo varios viajes a Creta, hasta que en 1899 creó el Fondo para la Exploración de Creta y compró los terrenos de Cnosos. El 23 de marzo de 1900 comenzó la excavación.
"En cuanto lo vi, sentí que era muy importante porque era el centro en torno al que giraban todas las leyendas de la Grecia antigua"
Evans había visitado muchos yacimientos, pero nunca había organizado una excavación. Por ello se rodeó de colaboradores experimentados, como Theodor Fyfe, un arquitecto encargado de dibujar los planos, así como del arqueólogo escocés Duncan Mackenzie, que dirigía las excavaciones y supervisaba a las decenas de trabajadores encargados de despejar el terreno y acarrear escombros. En pocos días afloró una gran construcción: "un fenómeno de lo más extraordinario; nada griego, nada romano", según Evans.
Se trataba de un intrincado espacio de unas dos hectáreas de extensión, con unas mil salas comunicadas entre sí. De inmediato, Evans relacionó los hallazgos con el célebre rey Minos. La estructura tenía que ser el Laberinto del Minotauro. Cuando en una de las estancias apareció un gran asiento de yeso empotrado en la pared pensó que se hallaba en la "sala del trono", e identificó otra estancia cercana como "sala de la reina". Pensó que en uno de los patios se celebraron grandes asambleas, con los ancianos sentados en un lateral "mientras el rey se sentaba orientado hacia la entrada, en la Silla de la Justicia situada en el majestuoso pórtico del otro lado".
A sus ojos, Cnosos fue un lujoso palacio habitado por príncipes que disfrutaban de una vida regalada, rodeados de una corte de damas con vestidos escotados. Mackenzie, en cambio, era más comedido, y en sus diarios se limitaba a describir la textura y los colores del suelo, el trabajo propio de un arqueólogo científico.
Evans no se limitó a dejar volar su imaginación a la vista de las ruinas, sino que incluso se atrevió a reconstruirlas. En efecto, al volver a Creta para su segunda campaña de excavaciones, los arqueólogos se encontraron con el yacimiento asolado por las lluvias. Evans se dio cuenta de que había que empezar, paralelamente a la excavación, con las labores de restauración y conservación.Además, quería que incluso el visitante profano pudiera sentir y comprender aquella maravilla de la Antigüedad.
La restauración de Evans es hoy día objeto de críticas, pues es muy agresiva y arqueológicamente poco fiel
En cuanto a las estancias en dos alturas, Evans probó a sostenerlas con vigas de madera, y ensayó con fustes y capiteles de piedra, pero el resultado no era del todo satisfactorio. Al final usó hormigón armado, lo que impidió que los restos se desplomaran, sobre todo dada la cantidad de terremotos que han asolado Creta. Esta restauración es hoy día objeto de críticas, pues es muy agresiva y arqueológicamente poco fiel, ya que Evans recolocó los restos donde le "parecía" que debían estar, aunque debe situarse en el contexto de una época en que la arqueología se debatía entre su pasado anticuario y su futuro científico.

El enigma de las tablillas cretenses

El entusiasmo de Evans aumentó cuando entre las ruinas del antiguo palacio aparecieron restos de pinturas murales. El arqueólogo decidió también "restaurar" los frescos, lo que para él significaba completarlos a partir de los fragmentos rescatados. Encargó esta tarea a dos artistas suizos, padre e hijo, ambos llamados Émile Gilliéron. Aunque se basaron en evidencias arqueológicas y en su experiencia previa en Micenas, el trabajo de los Gilliéron resultó muy controvertido y los estudiosos actuales consideran que algunos elementos de las restauraciones son una mera invención.
Los descubrimientos de Cnosos tuvieron enorme repercusión. Evans informó por telegrama a The Times de sus primeros hallazgos y al volver a Londres realizó conferencias por Gran Bretaña. Gracias a ello logró nuevas subvenciones que le permitieron pagar hasta a 250 trabajadores. Pero el interés del público decayó pronto y el Fondo para la Exploración de Creta se quedó sin dinero en 1906, lo que obligó a suspender los trabajos. La herencia que le dejó su padre y la de otro familiar resolvieron los problemas financieros de Evans que, a pesar de ello, no reanudó las campañas de excavación.
Evans había acudido a Creta con el propósito de resolver el enigma de su escritura y las excavaciones en Cnosos le habían proporcionado multitud de tablillas de barro con inscripciones, conservadas gracias a que se cocieron en un incendio"Aún más interesante que las reliquias artísticas es el descubrimiento de las tablillas de barro. Estoy muy satisfecho, puesto que es a lo que vine a Creta", escribió en su diario. A partir de 1905 Evans, instalado en una mansión junto al yacimiento, llamada Villa Ariadna, se dedicó a transcribir y organizar las cerca de 3.000 tablillas que había encontrado y las publicó en una serie de volúmenes titulados Scripta Minoa.
Su nombre quedó asociado para siempre al descubrimiento de la más antigua civilización del Egeo
La primera guerra mundial le obligó a volver a Oxford. Al final del conflicto siguió viajando a Creta, pero cada vez menos; prefería dedicarse a escribir, todavía con una pluma de ave. El 5 de febrero de 1924 cedió Cnosos a la Escuela Británica de Atenas. Por entonces, la prensa se hacía eco de los asombrosos hallazgos en la tumba de Tutankamón y él se sintió relegado. Pero tras su muerte, en 1941, a los noventa años, su nombre quedó asociado para siempre a uno de los mayores descubrimientos de la arqueología: el de la más antigua civilización del Egeo, llamada "minoica" en honor del mítico rey Minos.

Para saber más
El laberinto del Minotauro. Sir Arthur Evans, el arqueólogo del mito. J. A. MacGillivray. Edhasa, Barcelona, 2006.
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