Κυριακή, 20 Ιανουαρίου 2013

ΙΦΙΓΕΝΕΙΑ. ΜΙΑ ΤΑΙΝΙΑ ΤΟΥ ΜΙΧΑΛΗ ΚΑΚΟΓΙΑΝΝΗ


En 1977, de vueltas a suelo griego y finalizado el éxodo forzoso de los intelectuales que resultaban incómodos al régimen dictatorial por sus ideales más o menos comunistas, como era el caso de Mikis Theodorakis, se pudo rodar por fin, con cierto margen de presupuesto, la “Ifigenia”. Cacoyannis volvió a requerir la colaboración de este compositor para crear la banda sonora y Theodorakis lo hizo con sumo gusto. Es más, ha confesado que es el trabajo que más le gusta de todos los que ha realizado para el cine. A Irene le reservó uno de los mejores papeles de su carrera cinematográfica, el de la sufriente y, al final, dolida Clitemnestra. Para encarnar a la inocente Ifigenia buscó una adolescente (Tatiana Papamosju) que no tenía experiencia previa ni en cine ni en teatro y trabajó mucho con ella para lograr conseguir que de ella misma salieran las dos caras tan diferentes del personaje, ingenua y alegre al comienzo de la cinta, valiente y heroica al final, dejando al resto de los personajes a la altura de sus sandalias. Una vez más vemos aquí el sello de Cacoyannis en los enfoques, la cámara al hombro y los movimientos vertiginosos cuando se requieren, los tiempos lentos y los silencios, los planos de tres actores en disposición geométrica, las intervenciones del coro de mujeres, y, como no podía ser de otro modo, su broche final con una interpretación de las dos actrices protagonistas que logra conmover a las piedras. También en esta ocasión se seleccionó la obra de Cacoyannis para que compitiese al Oscar a la mejor película de idioma extranjero y las malas lenguas aseguraron que no ganó a falta de sólo un voto. Sin embargo sí obtuvo premios y distinciones tanto en el Festival de Cine de Tesalónica como en diferentes festivales de cine europeos. 
Cacoyannis confesó estar orgulloso de su trilogía inspirada en Eurípides y bien podía estarlo, porque los que nos dedicamos a estudiar los textos clásicos, así como las versiones fílmicas que tienen alguna utilidad didáctica para acercarnos a éstos, podemos asegurar sin ningún temor a equivocarnos que no hay ejemplos mayores en la historia del cine de cómo la literatura griega puede seguir viva en nuestros días. Esta es la mayor herencia que nos ha podido dejar Michael Cacoyannis. Y, aunque sea en versión original o con subtítulos en inglés (hasta que alguien se dé cuenta de lo rentable que podría resultar su distribución en el mercado español), merece la pena ver estas tres grandes películas y, de paso, releer las tragedias que en su día escribió Eurípides. 

Alejandro Valverde García (metakinema.es) 


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