Πέμπτη, 15 Μαρτίου 2012

ΑΝΤΙΟ, ΑΛΕΞΑΝΔΡΕΙΑ 3

En aquella época de khedives, durante la dominación inglesa, nació y vivió nuestro poeta Kavafis, cuya obra alcanzaría resonancia mundial. Sin embargo, no recuerdo que nos lo enseñaran en la escuela. Quizá fue por casualidad, aunque creo que la culpa era del puritanismo que se había extendido en Alejandría en los últimos tiempos. El profesor de literatura griega moderna era un hombre de unos cuarenta años, bajo y gordo, con los ojos saltones y gruesas gafas miope. Cuando entraba en clase se hacía silencio, las miradas clavadas en él.la fascinación que ejercía sobre nosotros aquel ser con aspecto de sapo era increíble. Subía a la tarima, abría su libro y con su característica voz de trueno iniciaba un monólogo que nos conducía mundos inexplorados y cautivadores. Casi nunca nos examinaba, estaba seguro de que lo que nos decía quedaba grabado con todo detalle incluso en el cerebro del más inepto. Cuando sonaba el timbre del recreo, en lugar de salir disparatados como de costumbre nos quedábamos inmóviles y un poco confusos, pues en aquel instante se apagaba el sueño y debíamos readaptarnos a la realidad. A este profesor le debo mi amor a la literatura. Y sin embargo , no recuerdo haber oído nunca de su boca el nombre de Kavafis.
Un día, cuando aún vivíamos en Alejandría, al pasar las páginas de un libro descubrí el poema “Itaca”. Mi instinto me lo hizo leer. No me fijé en quién lo había escrito, pero lo cierto es que el poema me causó un gran impacto por más que determinadas expresiones como los “perfumes de placer” me resultaban incomprensibles. Mis ansias de viajar, de vivir una vida plena de aventuras, conocimientos y experiencias unidas a la emoción que me provocó el poema fermentaron en mi interior. “Itaca” se convirtió en guía de cada uno de mis pasos.

Cuando vinimos a Grecia, vivimos una temporada en la calle Colette. Casi cada día, al regresar del colegio, un hombre vestido de forma extravagante me abordaba e intentaba entablar conversación conmigo. Era un desconocido, yo le contestaba por pura educación y me iba corriendo con la excusa de que me esperaban en casa. Hasta que un día insistió más de lo normal. A pesar de su apariencia excéntrica me pareció una persona seria y quise oír lo que tenía que decirme: me propuso representar pequeños papeles en el teatro y matricularme en la escuela del arte dramático. Según dijo era director de teatro y su instinto infalible le decía que yo era una actriz nata. Me preguntó de dónde era –pues tenía aspecto de extranjera- y yo le respondí que había nacido en Alejandría.
-¿Has leído a vuestro gran poeta Kavafis?
-No lo conozco.
Me miró sorprendido.
.-No es posible que una alejandrina no conozca a Kavafis.
Me sentí mal y deseé huir.
(…) gracias a él conocí a Kavafis. A la mañana siguiente compré sus poemas y me sumergí en la lectura. Desde el primer momento me cautivó su escritura simple y concisa; me recordaba “Itaca”. Busqué este poema y lo encontré: era suyo. No puedo negar que algunos de sus poemas eróticos, como “Recuerda , Cuerpo…” o Una noche” me escandalizaron, pero no por ello dejé de leerlos. Quizá fueron precisamente esos poemas lo que me hizo abandonar poco a poco el puritanismo a ultranza que me habían inculcado; no iba con mi naturaleza esa estrechez de miras. Con el tiempo empecé a entenderlo mejor. Cada vez que tenía un problema, o me sentía deprimida, sus poemas me daban una respuesta o me consolaban.

Dafni Alexandru: Adiós, Alejandría (Destino,1998)



1 σχόλιο:

El Deme είπε...

De repente, Kavafis entró en nuestras vidas y empezamos a entender muchas cosas.

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