Τρίτη 20 Σεπτεμβρίου 2011

ΑΤΤΙΚΟ ΜΕΤΡΟ

Iakovos Jatsistavru (Grecia)


















Πέμπτη 15 Σεπτεμβρίου 2011

ΑΙΣΩΠΟΥ ΜΥΘΟΙ 3


Había un hombre que odiaba a una zorra porque le ocasionaba algunos daños ocasionalmente.
Después de mucho intentarlo, pudo al fin cogerla, y buscando vengarse de ella, le ató a la cola una mecha empapada en aceite y le prendió fuego.
Pero un dios llevó a la zorra a los campos que cultivaba aquel hombre.
Era la época en que ya se estaba listo para la recolección del producto y el labrador siguiendo a la raposa, contempló llorando, cómo al pasar ella por sus campos, se quemaba toda su producción.

Procura ser comprensivo e indulgente, pues siempre sucede que el mal que generamos, tarde o temprano se regresa en contra nuestra.



Una cabra y un asno comían al mismo tiempo en el establo.
La cabra empezó a envidiar al asno porque creía que él estaba mejor alimentado, y le dijo:
- Entre la noria y la carga, tu vida sí que es un tormento inacabable. Finge un ataque y déjate caer en un foso para que te den unas vacaciones.
Tomó el asno el consejo, y dejándose caer se lastimó todo el cuerpo. Viéndolo el amo, llamó al veterinario y le pidió un remedio para el pobre. Prescribió el curandero que necesitaba una infusión con el pulmón de una cabra, pues era muy efectivo para devolver el vigor. Para ello entonces degollaron a la cabra y así curar al asno.

En todo plan de maldad, la víctima principal siempre es su propio creador.

Σάββατο 10 Σεπτεμβρίου 2011

ΑΙΣΩΠΟΥ ΜΥΘΟΙ 2


A punto de acabar su vida, quiso un labrador dejar experimentados a sus hijos en la agricultura.
Así, les llamó y les dijo:
-Hijos míos: voy a dejar este mundo; buscad lo que he escondido en la viña, y lo hallaréis todo.
Creyendo sus descendientes que había enterrado un tesoro, después de la muerte de su padre, con gran afán removieron profundamente el suelo de la viña.
Tesoro no hallaron ninguno, pero la viña, tan bien removida quedó, que multiplicó su fruto.

El mejor tesoro siempre lo encontrarás en el trabajo adecuado.


Un joven pastor, que cuidaba un rebaño de ovejas cerca de una villa, alarmó a los habitantes tres o cuatro veces gritando
-¡El lobo, el lobo!
Pero cuando los vecinos llegaban a ayudarle, se reía viendo sus preocupaciones. Mas el lobo, un día de tantos, sí llegó de verdad. El joven pastor, ahora alarmado él mismo, gritaba lleno de terror:
- Por favor, vengan y ayúdenme; el lobo está matando a las ovejas.
Pero ya nadie puso atención a sus gritos, y mucho menos pensar en acudir a auxiliarlo. Y el lobo, viendo que no había razón para temer mal alguno, hirió y destrozó a su antojo todo el rebaño.

Al mentiroso nunca se le cree, aun cuando diga la verdad.


Τετάρτη 7 Σεπτεμβρίου 2011

ΑΙΣΩΠΟΥ ΜΥΘΟΙ 1



Manolis Charos. Fábulas de Esopo
La interpretación de las Fábulas de Esopo por parte del pintor Manolis Charos constituye el tema de la exposición, que presenta cuadros y grabados contemporáneos del artista con temas como las fábulas de Esopo y con referencias a la forma en la que se han representado las fábulas en el transcurso de 2500 años.
Tras muchos años de investigación en bibliotecas, colecciones y mercados de Europa y los Estados Unidos, el artista descubre las imágenes, los protagonistas y las escenas de las fábulas tal como han sido representadas a través del tiempo, transmitiendo, según las condiciones de cada época, diferentes mensajes, pero manteniendo siempre la poesía de la metáfora y la inmediatez de las historias que todos conocemos. (benaki.gr)

Museo Benaki, Atenas
07/09/2011 - 16/10/2011

Τρίτη 30 Αυγούστου 2011

Πέμπτη 25 Αυγούστου 2011

ΤΟ ΕΛΛΗΝΙΚΟ ΚΑΛΟΚΑΙΡΙ

La primera vez que viajé a Grecia fue en 1947; la última, en otoño de 1966.Mi última imagen del país es la siguiente: una isla del mar Egeo, sin árboles, con un único pueblo y un paisaje pelado donde la miseria y la belleza se alían como dos laderas de una misma colina. Miseria y belleza. Alianza de contrarios, como esa frase de Heráclito que los paisajes de las Cíclades no dejan de recitar con su luz: «La armonía suprema es la coincidencia de los contrarios. Todo se hace, y se deshace, por la discordia». El hecho de que la imagen de esa isla perdida me acompañe aún con tanta fuerza tal vez se deba simplemente a que fue la última. Sin embargo, con el paso de los años, me doy cuenta de hasta qué punto los recuerdos se mezclan en mi memoria como en un juego enigmático. ¿Por qué algunos recuerdos, aparentemente tan anodinos, perduran insistentes como si quisieran transmitirme un mensaje cuyo sentido todavía no alcanzo a comprender? Como éste, por ejemplo, de un día en que recorría un camino por el monte Atos:


De vuelta al monasterio donde me alojaba, después de una larga excursión a las cuevas de los ermitaños,me detuve ante un paisaje ya conocido y, no obstante, fantásticamente nuevo: una ladera donde se escalonaban pequeñas casas destartaladas, cubierta de olivos y naranjos, con una mancha blanca que era una terraza sombreada por un parral, y la redondez de una cúpula erguida como un seno hacia el cielo. A través del tamiz de árboles—donde se adivinaba, invisible, la presencia de los monjes—, se oían voces, sonidos y gritos con una nitidez asombrosa a pesar de su lejanía. Me quedé a escuchar el maúllo de los gatos, el ruido seco de una rama que se quebraba, el murmullo de las conversaciones, de las que casi distinguía las palabras, y perdí toda noción del tiempo, como si el paisaje, los gritos y los colores se hubieran convertido en fragmentos de eternidad. Pero de pronto algo se vació, en mí y alrededor de mí, como si la luz se hubiera retirado de los árboles y del cielo, y aquella tarde volvió a ser una tarde cualquiera.
He vivido instantes como éste en diversas ocasiones durante mis estancias en Grecia y me digo a mí mismo que lo que perdura en mí de aquellos años griegos son esos momentos. Cuando los recuerdo, los siento más presentes que nunca, y cuando les busco un sentido, pienso en esos augures antiguos que leían el destino de los hombres y de las ciudades en el vuelo de los pájaros o en el susurro del viento entre la carrasca. Si lo fortuito, si lo accidental, tiene un mensaje —¿y qué hay más fortuito, más accidental, que el vuelo de los pájaros o el silbido del viento?—, entonces esas imágenes que no dejan de aparecérseme también esconden enigmas, lenguajes secretos que marcan un camino que, sin duda, se remonta a mi infancia.

Jacques Lacarrière: Verano griego. 4000 años de Grecia cotidiana (Altaïr)

JACQUES LACARRIÈRE (Limoges, 1925 - París, 2005)
cursó estudios de derecho, filología clásica, e hindi, y ejerció como periodista. En un viaje con el grupo de teatro antiguo de la Sorbona, en 1947, visitó Grecia por vez primera. Su pasión por recorrer esa tierra solo se vio frenada por el Golpe de Estado de los Coroneles, en 1967. Fruto de esta estrecha relación con el país son numerosas traducciones de autores griegos clásicos y contemporáneos, así como sus libro Mont Athos, montagne sainte paraît, Diccionario del amante de Grecia y Promenades dans la Grèce antique, entre otros. En el campo de la literatura viajera, publicó Chemin faisant: Mille kilomètres à pied à travers la France. Publicado en 1976, Verano griego tuvo un gran éxito de público y crítica. En 1991 Jacques Lacarrière recibió el Gran Premio de la Academia Francesa por el conjunto de su obra. Sus cenizas se esparcieron en la isla griega de Espetsas.

Σάββατο 20 Αυγούστου 2011

Η ΜΑΓΙΚΗ ΞΕΧΑΣΜΕΝΗ ΣΥΛΛΑΒΗ

Sriros Vasilíu (Grecia)

Terraza isleña


Cautivo en las redes de la parra
brilla el mar con mil escamas,
como hidra de diamante que se mueve despacio
en las dardos del mediodía.

Ninfas etéreas, lejanas islas, meteoros
en el respandor de las aguas y del cielo,
cierran con enormes geranios
el círculo del templo azul.

Altar para regalo de los cuerpos
pulidos en el salitre y en el sol
que invita al alma a bañarse
en la risa innumerable de las olas,

y a buscar, en el chasquido maravilloso
de las serpientes del aire y del mar,
aquella sílaba mágica
que ha olvidado.

Aléxandros Matsas / Grecia

José A. Moreno Jurado: Antología de la poesía griega (Desde el siglo XI hasta nuestros días) [Ediciones clásicas, 2000]

Τετάρτη 10 Αυγούστου 2011

ΩΔΗ ΣΤΗ ΣΑΝΤΟΡΙΝΗ


Oda a Santorini

(Fragmento)
Brotaste de las entrañas de un trueno,
estremeciéndote en las nubes contritas,
roca amarga, sufrida, orgullosa,
buscaste el sol como primer testigo
para enfrentaros juntos al temerario fulgor
para desplegaros en el piélago como un eco.

Despertada por el mar, altiva,
erguiste un pecho de roca,
salpicada por la inspiración del viento sudeste,
para que allí grabara sus entrañas la esperanza,
para que allí esculpiera sus entrañas el dolor.
Con fuego, con lava, con humo,
con palabras que predican el infinito,
diste a luz la voz del día.

Odiseas Elitis (Grecia)
Trad.:Alejandro Drewes



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