Πέμπτη, 29 Νοεμβρίου 2012

ΜΗΛΙΑ

Miliá
Emmanouil Roídis, 1ª publicación en “Acrópolis Navideña”, 1895
Jesús dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí 
Lucas, 19, 16

En un pueblo de la Magna Grecia vivía una niña de corazón tan bueno y agraciado que todo el mundo quería. Aunque no era rica, encontraba la manera de ayudar siempre a los pobres, pues cualquier cosa que le daban, la compartía con ellos, y cuando sus manos estaban vacías, su corazón y su boca estaban llenos siempre de buenos sentimientos y buenas palabras para consolarlos. No solamente los hombres y los animales de casa, sino también las aves del bosque la querían. Cuando la veían pasar, bajaban de los árboles y la seguían como perritos para que les diera la mitad de su pan.
Le decían Miliá (manzano) porque la habían encontrado, una mañana de abril, bajo un árbol de manzanas, cubierta de flores blancas que había posado sobre ella el viento en la noche.

La pareja de ancianos que la había adoptado era tan pobre que sólo les alcanzaba lo que ganaban, la anciana con la costura y el anciano cortando leña, para que no tuviera hambre. Miliá hacía también lo que podía para ayudarlos. Recogía en el bosque  frutos salvajes, violetas y otras flores que ofrecía a los transeúntes con una sonrisa tan dulce que rara vez le negaban cinco monedas quienes tenían para darle. Pero de éstos no había muchos en aquél pueblo humilde, y el pan y las castañas que comían el anciano y la anciana eran siempre menos que su hambre, y aún más pequeña la ración de Miliá, pues lo compartía con los pobres y las aves.

Miliá tenían diecisiete años, cuando, una noche, creyendo sus papás adoptivos que dormía, escuchó decir el anciano a su mujer:

“No sé qué será de nosotros, si Dios no nos hace algún milagro para ayudarnos. Los leños que puedo levantar en mi vieja espalda cada vez son menos, y tú en lugar de tres, necesitas ahora cinco horas para bordar un calcetín. Miliá come poco, pero adora compartir el pan con los pobres y las aves. Pienso en qué puede pasar si muriéramos. Si fuera uno o dos años mayor, la mandaría a la ciudad a conseguir trabajo. Madura y esforzada como es, encontraría fácil un buen puesto, y no se olvidaría de la gente pobre que la crió, cuando ya no tenga fuerza para cortar leña ni tú dedos para bordar”.
Miliá hizo como que no escuchó nada. A la mañana siguiente se levantó antes de irse. Acomodó sus pocas cosas, apretó su corazón, se enjugó los ojos, que corrían como una llave, y fue a despedirse de la anciana pareja. También lloraron ellos, después, sin embargo, pensaron que era una aparición de la voluntad divina que Miliá pensara también aquella noche lo mismo que habían pensado ellos. Dejaron que se fuera apenas le dieron muchos besos, sus buenos deseos y una pita para que comiera en el camino.
Todo el pueblo quiso acompañarla una hora en el camino hacia la Llave Fría. La siguieron hasta ahí un tullido que era jalado por su perro y dos enfermos con muletas. La acompañaron también cabras, cabritos, gallinas, gansos, patos, gallos y pájaros, porque todos los hombres y los animales la querían y a todos dolía su despedida.
Mientras más lejos se veía la despedida con el paño de los ancianos, Miliá intentaba encontrar fuerza. Cuando, sin embargo, se detuvo a ver aquello, sintió, por primera vez, que estaba sola en el mundo; la queja se apoderó de ella y comenzó de nuevo a llorar. Caminó todo el día sin descansar y sin ni siquiera haber mordido su pita. El dolor del corazón llena como pan el estómago vacío de los desdichados.
Habiendo caminado diez horas enteras, se sentó bajo un castaño para descansar. Ni siquiera se había sentado bien, cuando la asustaron dos disparos de rifle y el ladrido de un perro ronco. Se volteó para ver y vio una nube de aves que huían asustadas.
- Vengan hacia mí, gritaba, vengan rápido a esconderse entre estos arbustos. No tengan miedo, las liberaré, si no me mata a mi también el cazador y si no me come el perro.
Las aves reconocieron su voz y se reunieron a su alrededor, apresurándose a esconderse bajo las ramas bajas, juntitas la una de la otra. Miliá escuchaba el latido de los cien corazones de las aves, tic-toc, como los relojes en el taller del relojero.
En aquél momento, surgió el cazador con su perro, animal formidable de pelaje amarillo, dientes afilados y ojos rojos que ardían como el carbón.
- Nena, preguntó, ¿no viste pasar por aquí a unas aves o a algún otro animal de caza? Desde la mañana estoy corriendo tras algo y no he matado nada. Te voy a dar estas dos monedas de plata si me enseñas el camino correcto.
Mientras el cazador hablaba, el perro seguía ladrando y el corazón de las aves, latiendo más fuerte. El atardecer del sol hacía que las monedas de plata brillaran como si fueran de oro.
- Hiciste muy bien en preguntarme, respondió Miliá. Antes de que vinieras, vi una bandada de perdices que volaban hacia el norte, dos liebres que corrían por aquí derecho, un ciervo que huía hacia el oriente y una pareja de faisanes, hacia el occidente. Tienes que escoger entonces, pues no tienes mucho tiempo que perder, si quieres alcanzarlos.
El cazador le dio las monedas y se fue hacia el oriente; el perro, sin embargo, no quería irse, insistía en oler las ramas, en ladrar y en enseñar sus terribles dientes. Miliá pensó entonces en darle su pita para que se calmara; su dueño le dio una patada y sólo entonces decidió el animal malo seguirlo, no muy contento, continuando su ladrido como si dijera al cazador que es una pena que las niñas se burlen de tal manera de un hombre tonto.
Cuando el cazador se perdió lejos en el bosque y se dejó de escuchar la voz del perro, salieron de su escondite las aves sin saber qué hacer para agradecer a Miliá. Estaban sentadas sobre su hombro, cantaban en su oído “gracias”, aleteaban para refrescarla y le hacían cosquillas en las manos, en los labios, en las mejillas y en su cuello. Los pinzones y los petirrojos se alejaron y regresaron para traerle cerezas, flores de loto, zarzamoras y uvas salvajes para que cenara, mientras los pajaritos y los halcones peregrinos le preparaban una cama suave de hojas de castaño, menta y lavanda para que durmiera. Habiendo rezado, se acostó en aquella olorosa cama, la taparon con helecho para que no tuviera frío y se posaron sobre los árboles de alrededor para cuidarla.
A la mañana siguiente, la despertó el canto matutino de la cagujada y vinieron a darle los buenos días también las otras aves. Habiendo terminado el canto de las aves, tomó la palabra el dulce orador, el ruiseñor, y le dijo lo siguiente en la lengua de las aves, la cual entendía bien y hablaba más o menos Miliá:
- Nos dijiste ayer que vas a la capital a conseguir suerte y hoy en la mañana supimos por un gayo que se presenta una oportunidad única que tienes que aprovechar. El rey, que enviudó el año antepasado, se cansó de sus grandezas, sus glorias, sus riquezas y de cuanto más envidia el mundo. Tanta es su pena y su melancolía que se atrevió a prometer la mitad de su reino a aquél que consiga hacerlo pasar una sola hora sin bostezos ni suspiros. Muchos llegaron de todas partes a probar. Esta noche es la prueba y a la capital son solamente cinco horas de camino. Levántate, Miliá, y arréglate para ir al palacio a que ganes el premio. Te acompañaré yo con otras aves y te diré al oído qué debes hacer.
- Queridas aves, respondió Miliá, tienen un buen corazón, pero no muy buen conocimiento. Me ordenan que vaya sin pensar que sólo a ustedes Dios cuidó de dotarlas de plumas. Yo no tengo nada que ponerme más que esta falda vieja que visto. ¿Con esto quieren que vaya a que me reciba el rey y su séquito?
- Las aves no son tan tontas como lo cree la gente, respondió el ruiseñor. No te diría que te arreglaras si no hubiéramos preparado tu vestido. Somos amigos de unos gusanos de seda y los pusimos a trabajar para que te hiciera este vestido que no tiene par en todo el reino.
Trajeron entonces un vestido de satín blanco de una sola pieza que tenía encima tejidos la primavera con todas sus flores y el cielo con todas sus estrellas.
- Yo, dijo el abejaruco, corrí toda la noche para encontrar esta flor blanca para que te la pongas en tus cabellos.
- Yo, dijo el petirrojo, junté gotitas de rocío y te hice un collar que brilla más que los diamantes.
- Yo, dijo el torcecuello, te traigo este abanico, hecho con una pluma de cada ave.
Habiéndose puesto el vestido y sus adornos, Miliá pareció tan bella que comenzaron a entonar un canto esplendoroso todas las aves juntas. Sólo Miliá permanecía pensativa y sin decir palabra.
- ¿Qué va a pasar cuando me hable el rey y sepa desde que hable que soy una aldeana de la montaña que no sabe nada del mundo? Dijo.
- Eso no importa, respondió el ruiseñor. Esta amiga mía, la corneja gris, que ves a mi lado, anida desde hace veinte años en el techo del palacio y conoce todos sus secretos. La traje a propósito para que te los enseñe. En una hora te enseñará cuantas cosas alcancen para que conozcas los puntos débiles del rey.
Con las monedas que le dio el cazador, Miliá rentó una elegante carroza y exactamente a las nueve de la noche se presentó en el gran salón del palacio. La sensación que provocaron la belleza de su cara y el brillo de su vestido fue tamaña que todas las mujeres despintadas se pusieron amarillas de envidia, y desde aquella noche quedó claro quiénes se arreglan y quiénes no.
El rey bajó de su trono y vino a presentarse, cosa que no había hecho en otra ocasión, más que cuando vino de visita la emperatriz de Levante. Sin cuidar de la costumbre, la tomó de la mano y la sentó a su lado, preguntándole de qué reino venía o si había bajado del cielo, porque no creía cómo la tierra podía haber dado a luz a una mujer tan bella.
Miliá se sonrojó y le respondió con mucha humildad y gracia que era una aldeana humilde y que había venido a competir con los otros por el premio.
- Debes saber, le dijo el rey, que tanto me ha satisfecho y hecho reír toda diversión y espectáculo, que ya nada disfruto. Tengo años enteros que no río. Todo me parece insípido, aburrido y cocido en agua. Pero esa belleza tuya cegó mis ojos sin curar el hastío y la pena de mi alma. Deseo que tu arte me divierta y tu belleza sea grande.
Y habiendo dicho esto, ordenó que comenzara la competencia.
Sus palabras asustaron a Miliá, tanto que no sabía cómo conseguiría hacer reír a aquél rey que no había reído en años. Habría perdido su ánimo, si no hubiera venido en aquél momento el ruiseñor a cantarle en el oído: “No te preocupes, las aves prepararon todo”.
El primer competidor se presentó. Era un famoso ciudadano de aquella parte que podía hacer aparecer cosas, tan capaz que todos lo consideraban mago y fue obligado a huir de aquella ciudad, donde acostumbraban entonces quemar magos. Éste adivinó la carta, as de espadas, que había pensado el rey; frió huevos en el sombrero del jefe del séquito real y mandó la peluca rubia de la Gran Señora a cubrir la calvicie del caballerizo. Después logró sacar de la nariz del ministro de justicia una cuerda de lazo y del bolsillo del general del ejército, una liebre salvaje. Todo iba bien, sólo que el rey no se había reído hasta ahora. Con la esperanza de lograr también eso, se concentró en hacer aparecer la corona real en la cabeza de un cerdo salvaje, la cual estaba puesta en la mesa de la cena. El rey, sin embargo, parecía que no estaba dispuesto a ello, y en lugar de reír, encontró sin chiste el acto y mandó a que lo sacaran con un vergazo en la zona baja que está abajo de la espalda.
El segundo competidor era un filósofo serio de barba blanca de la zona de Holanda. Éste había traído consigo un aparato extraño con una especie de recipiente de vidrio encima. Lo abrió y echó adentro carbón ahumado, una cucharada de mercurio, una pizca de piedra de caballo, una rama de romero y una buena ración de mercurio verde. Lo mezcló todo con una cuchara de oro e inmediatamente se calentó, se prendió, se inflamó, después se enfrió, se cristalizó y el recipiente quedó repleto de diamantes, grandes como huevos de paloma. Todo el séquito se quedó extasiado y todas las damas extendían su mano para agarrar uno de los diamantes que comenzó el filósofo a repartir. Pero el rey se enojó de nuevo, ordenó que las damas entregaran todo de regreso y dijo con enojo al químico: “¿No pensaste, estúpido, que si los diamantes los llegaran a tener todos como piedras de río, toda mi riqueza perdería su valor, la cual es de las primeras en el mundo y que si necesito dinero, puedo vender cuanto quiera? Lárgate de aquí, y si haces de nuevo diamantes, te quebraré la cabeza con tu propia máquina”.
El tercero era el primer científico de un nuevo mundo, que había descubierto otro Colón, más allá de la masa de agua a la que llaman Atlántico. Este neo-mundista había logrado, después de muchos estudios y pruebas, atrapar los rayos solares en unas botellitas que parecían pequeñas peras, antes de que llegaran a enterrarse en sus cuevas. Después de haber mareado a la gente con su discurso, el científico comenzó a explicar que estas peras de rayos solares eran un nuevo sistema de iluminación y que con la mitad de dinero darían luz diez veces más que el aceite, cuyo precio se multiplicaría diez veces, ya que no servía más que para freír y hacer ensalada.
- ¡No sabes, imbécil – lo interrumpió el rey, amarillo del coraje-, que las propiedades de mi reino, las mías y las del pueblo, son todas campos de olivo, y vienes aquí a elevarnos el precio del aceite! Desaparece de mi vista, y si mañana te encuentro todavía por la región, te cubriré de aceite y te quemaré vivo.
Era turno entonces de Miliá, temblaba toda, viendo cuán malvado había sido el rey. Pero otra vez el ruiseñor le cantó al oído y le dio ánimos. Los ojos de todos estaban clavados en ella y el silencio, tan perfecto, que alguien podía escuchar a una hormiga volando o a una hierba creciendo.
Miliá ordenó entonces que las veinte ventanas del salón se abrieran. Inmediatamente volaron, dentro de la sala, pequeñas aves de todo tipo y de toda especie: abejarucos amarillos, petirrojos, aves de pesca plateadas, mirlos negros, tordos emplumados, cardenales amarillos, pinzones, frentones, colibrís, aves de río, castañuelas, malatritas, cornejas grises, collalbas rubias, pájaros carpinteros y alcaudones. Después de que aletearon por uno o dos minutos, aquí y allá, alrededor de las lámparas y las lámparas de aceite, como las aves locas que eran, hicieron después un gran círculo. El ruiseñor se colocó en el centro dirigiendo como director de orquesta, con sus alas, el ritmo, escuchándose entonces una sinfonía tan dulce que dirías que la habría compuesto la música del paraíso, Santa Cecilia. De todos los fragmentos gustó mucho más un cuarteto de pinzones que hizo llorar a todos, y la cómica canción del gayo, tan juguetona y vivazmente entonada, que todo el séquito comenzó a dejarse llevar y a mover los pies como si los calcetines se les hubieran llenado de hormigas.
- Bailen ahora, aves mías, ordenó Miliá.
Veinte parejas de canarios comenzaron entonces a bailar un vals juguetón y original. Con un ala eran sostenidos dos pájaros abrazados y volaban hacia la otra. Las parejas recorrían la sala como el viento y daban diez veces la vuelta a la sala. Después bailaba en el piso una cuadrillada deliciosa de abubillas, pero aún más éxito alcanzó el cotellón con todas sus piruetas. En esto, las gracias de un inaceptable jilguero hizo que el corazón de todos se saliera, pues lo presentaron diez series de bailarines y a nadie le gustó que mirara con altanería, diciendo no con la cabeza. La onceava vez, sin embargo, le gustó al jilguero, pues para que lo aceptara se le tuvo que dar una hormiga que había atrapado. Abrazó a su bailarina y comenzaron a dar vueltas por la sala con gracia y una técnica única.
No terminaría nunca si quisiera contarte todo. El espectáculo cerró con una lluvia de flores raras que habían traído las gaviotas del extranjero. Lo más raro de todo fue una flor de loto azul traída del Nilo que ofreció Miliá al rey.
El rey estaba tan feliz y contento. La sangre se le subió a la palidez de su cara pintándolo y sus ojos echaban chispas. No tenía cabeza para pensar en la grandeza ni en sus antepasados ni en nada que dijeran los príncipes, los duques, los soldados, los ministros, los mandatarios. Se agachó y besó a Miliá en la frente, en las dos mejillas y cerca de la oreja. Aquél beso cruzado, como le decían, equivalía entonces en la Magna Grecia a una señal de matrimonio. No puedo decir si a todo el séquito le gustó aquél matrimonio. Todos, sin embargo, fueron obligados, queriéndolo o no, a gritar: ¡Viva nuestra reina! Lo mismo gritaron en su lengua también las aves, y viendo que Miliá lloraba, mientras se despedían de ella, le prometieron visitarla seguido.
Los matrimonios se realizaron una semana después con mucha solemnidad y lujo. Fueron invitados los padres adoptivos de Miliá, el anciano y la anciana, cuya alegría los hacía parecer diez años más jóvenes.
El rey, para tenerlos cerca de su esposa, pidió que se les encontrara algún puesto público en la capital. Viendo cómo la anciana era cuidadosa, buena ama de casa, que no comía mucho y que en todo era ordenada, la hizo ministra de economía. El anciano era ya algo irremediable. No sabía el hombre ni escribir ni leer. El rey se rompía la cabeza pensando cómo era posible emplearlo, cuando pasó que murió el ministro de educación pública. No encontrando otra solución, dio al anciano el puesto del finado, y desde entonces nació y continúa hasta el día de hoy, en muchas partes, la costumbre de dar a cualquier analfabeto el puesto de ministro de educación.

Emmanuil Roidis: Relatos de Siros (Universidad de Sevilla)

trad.: Carmen Vilela
Fuente: elsemanario.org

  

Τρίτη, 27 Νοεμβρίου 2012

ΟΤΑΝ Η ΓΕΡΜΑΝΙΑ ΛΑΤΡΕΥΕ ΤΗΝ ΕΛΛΑΔΑ


Cuando Alemania adoraba a Grecia 
Hubo un día en que el arte y la filosofía unieron a ambas naciones en un destino común 
Rafael Argullol (elpais.com, 25-11-2012)
Si uno se queda con lo que lo “griego” significa actualmente para la prensa popular (e incluso no tan popular) alemana, las consecuencias no pueden ser más desoladoras. Lo “griego” es sinónimo de lo peor, y lo peor se traduce en corrupción, vagancia e incapacidad para el esfuerzo. Se hace difícil encontrar en las páginas de los periódicos una palabra amable para Grecia. La gran paradoja, sin embargo, es que ninguna cultura, en el pasado inmediato, se ha dirigido tanto a lo helénico como la alemana. Es verdad que se trataba de la Grecia antigua pero, en su momento, lo “griego” aludió a lo más elevado que se pudiese concebir. También en Francia y en Gran Bretaña el culto de la Grecia clásica fue muy intenso en los siglos XVIII y XIX, aunque en ningún país europeo, como en lo que ahora llamamos Alemania, fue tan decisivo. Lo “griego”, ahora tan denostado, pareció imprescindible a la cultura alemana para cohesionar una nación que permaneció fragmentada en múltiples territorios hasta hace siglo y medio. No es nada seguro que los alemanes actuales sean conscientes del agravio a su propia raíz espiritual cuando utilizan peyorativamente el término “griego”; claro está que a los políticos europeos de nuestros días, y entre ellos a los alemanes, poca finura intelectual se les puede pedir: la cultura europea parece completamente ausente de la política que se hace en Europa.
Y, sin embargo, por raro que suene a los consumidores de información de nuestros días, Alemania amó apasionadamente a Grecia. Hasta tal punto que, en lo que en toda escuela se enseña como la obra cumbre de la literatura germana, el Fausto de Goethe, la boda del protagonista con Helena de Troya quiere simbolizar, entre otras cosas, la unión de la antigua Grecia con una nación en ciernes llamada Alemania. Con su insuperable capacidad de síntesis, Goethe culminaba en ese matrimonio simbólico una de las principales operaciones de apropiación mental que se haya realizado en la historia de la cultura: dos mundos, el griego y el germano, quedaban vinculados por una suerte de destino común que se atestiguaba mediante el arte y la filosofía. Durante dos siglos los escritores y filósofos alemanes vivieron en el convencimiento de que ellos eran los herederos naturales de los griegos en la época moderna, creencia, fértil y catastrófica al mismo tiempo, que condujo a extravagancias —por decirlo de un modo suave— como la opinión de Heidegger de que solo se podía pensar verdaderamente en alemán y en griego (es de suponer, vista la consideración que merece la Grecia moderna, que Heidegger se refería a la lengua griega antigua).
La boda del alemán Fausto con la griega Helena es, casi, la consecuencia de una necesidad histórica. A lo largo del siglo XVIII, y hasta mediados de la centuria siguiente, se suceden tres generaciones para las que lo “griego” cimenta el futuro de la civilización: Winckelmann y Lessing; Goethe y Schiller; Hegel, Hölderlin y Schelling. Desde el punto de vista de una asimilación espiritual el resultado es prodigioso. Alemania es convertida en sucesora de Grecia. Por primera vez en la cultura europea se trataba de un radical proceso de sublimación y purificación. Hasta entonces los escritores y pensadores europeos habían buscado guía y refugio en la entera Antigüedad, como si Grecia y Roma hubiesen sido una continuidad sin fisuras. Dante se hace acompañar en su viaje a los ultramundos por Virgilio, en tanto que representante de todo el mundo antiguo. Shakespeare pone sobre el escenario, sin muchas diferencias, a héroes helénicos y romanos. Montaigne, en sus Ensayos, cita indistintamente fuentes griegas y latinas como si dieran lugar a un caudal único.

Sin embargo, esta tendencia unificadora, grecorromana, mediterránea si se quiere, cambia drásticamente, de Winckelmann a Schiller, en el clasicismo alemán. En su Historia del Arte de la Antigüedad,Winckelmann proclama la superioridad indiscutible de la expresión griega, frente a la cual la arquitectura y la escultura romanas adquieren un papel notable, pero secundario. El modelo no es la Antigüedad grecorromana; el modelo, exclusivo, es Grecia. La diferencia, a este respecto, con Francia es palpable, si tenemos en cuenta que la liturgia y la estética de la Revolución Francesa atendieron bien claramente a principios inspirados en la República romana, como muestra con maestría la pintura de David. Winckelmann popularizó en Alemania, y progresivamente en Europa, la visión de la Grecia antigua como un ideal absoluto, indiscutible, al que toda la cultura del porvenir debía dirigirse para alcanzar su madurez. Las artes visuales eran, por tanto, en su significado más elevado, una creación griega.
Paralelamente, la literatura alemana que, no lo olvidemos, aunque se aproximó rápidamente a su edad áurea, estaba en sus inicios, realizó una operación similar. De Lessing a Schiller modificó el referente grecorromano para centrarse únicamente en el helénico. Virgilio, el guía de Dante, dejó de ser el protagonista en el escenario de los sueños de perfección de los escritores alemanes para dar paso a Homero. Hay un maravilloso poema de Schiller, Los dioses de Grecia, que atestigua este viraje, además de servir, en nuestros días, como antídoto contra el veneno de la prensa amarilla contra lo “griego” (tal vez no sería una mala lectura, tampoco, para la señora Merkel). En una vuelta más de tuerca, la siguiente generación idealista y romántica, la de Hölderlin, Hegel y Schelling, apuntaba definitivamente la filiación griega de la cultura alemana, si bien en el caso del primero, cuyo fervor filohelénico no tiene parangón, para advertir de los peligros de la concepción germana. No deja de ser curioso que al leer hoy El archipiélago, de Hölderlin pueden apreciarse con nitidez ciertas proféticas advertencias sobre la arbitrariedad a la que se expone una Alemania ensimismada en el egoísmo productivo. Medio siglo después otro alemán, Nietzsche, acusará a su país de ese mismo “olvido de la grandeza de Grecia”. El amor por lo “griego” de los escritores alemanes les llevó con frecuencia a resguardarse frente a lo “alemán”.
Como quiera que fuese Grecia —como idealidad, como entidad metafísica, como simbolización— jugó un papel extraordinario en la consolidación de la cultura alemana, sin posible comparación con lo ocurrido en ningún otro país, pese a que los clasicismos fueron fundamentales en toda Europa. Tal vez la explicación hay que encontrarla en la debilidad del alemán como lengua de cultura hasta la segunda mitad del siglo XVIII, y en el retraso histórico de la unidad alemana. Por ambas razones la apropiación espiritual de una Grecia idealizada fue determinante. En Gran Bretaña y en Francia este proceso no fue necesario. En Italia, cuya lengua tenía una larguísima tradición de cultura, el Risorgimento se apoyó, con naturalidad territorial, en la antigua Roma.
Únicamente Alemania se consideró de forma tan apasionada y exclusiva la hija espiritual de Grecia (filiación algo incestuosa en el caso de los amores entre Fausto y Helena de Troya). En consecuencia, la cultura germana encontró su matriz, su razón de ser, su destino en lo que supuestamente fue su Grecia onírica, la de los templos y estatuas de Winckelmann, la de los dioses de Schiller y los héroes de Hölderlin. En cierto sentido Grecia fue, a través de los escritores y artistas, el sueño de Alemania.
Ahora, pesadilla. Claro está que el mundo es otro, y Goethe o Hölderlin no pueden competir con el veneno de los medios de comunicación que se llaman a sí mismos populares o con la sistemática ignorancia de los políticos. Tampoco, claro está, los griegos son —ni han sido nunca— aquellos magníficos habitantes que moran en los versos de Los dioses de Grecia. Pero no deja de ser curioso —y, en cierto punto, espantoso— que un mismo vocablo, lo “griego”, sirva en la universidad para aludir a lo mejor de las virtudes y en la calle, para resumir el más peligroso de los vicios.

Σάββατο, 24 Νοεμβρίου 2012

Πέμπτη, 22 Νοεμβρίου 2012

ΘΕΣΣΑΛΟΝΙΚΗ 1912-2012. Η ΑΡΧΙΤΕΚΤΟΝΙΚΗ ΜΙΑΣ ΕΚΑΤΟΝΤΑΕΤΙΑΣ


Salónica 1912-2012. Un siglo de arquitectura
Acontecimientos de la historia política y social dan una nueva orientación a la identidad urbanística y arquitectónica de Salónica y constituyen un punto de partida para un recorrido por el espacio y el tiempo. 
En el marco de la exposición se presentarán obras de reputados arquitectos del siglo XX a través de proyectos arquitectónicos, maquetas, impresos, y archivos fotográficos y cinematográficos. El objetivo es presentar la iconografía de la ciudad a través de las características tipológicas y morfológicas de sus edificios. 

Museo Benaki
18/10/2012 - 25/11/2012


Τρίτη, 20 Νοεμβρίου 2012

CHESS. ΠΡΟΣΩΠΙΚΗ ΞΕΝΑΓΗΣΗ ΜΕΣΩ ΚΙΝΗΤΟΥ ΤΗΛΕΦΩΝΟΥ


!Explorar el Museo de la Acrópolis a Través del Móvil!
La más inteligente aplicación digital para móviles en toda Europa, producto del programa europeo ''CHESS'' está lista para ponerse en marcha vía un programa piloto en el Nuevo museo de la Acrópolis, a partir de diciembre. La aplicación ofrecerá a los visitantes la oportunidad de experimentar una visita personalizada en la antigua ciudad de Atenas, guiada por figuras cotidianas -mitológicas o reales- de la antigüedad, mediante su móvil.
Según Natalia Manola, investigadora del Departamento de Informática y Telecomunicaciones de la Universidad de Atenas, se trata de una aplicación que guía al visitante de forma personalizada e interactiva y, naturalmente, no con el método tradicional utilizado por los museos, es decir, ofreciendo explicaciones pieza por pieza. Entre las propiedades únicas de esta aplicación se incluye la de poder procesar los movimientos y el comportamiento del visitante a través del museo y, en consecuencia, ajustar el flujo de la narración. Es decir, propone una guía alternativa si, por ejemplo, el visitante es un niño. En este caso, se activa la forma de guiar mediante juegos. En pocas palabras, podrá captar de qué tipo de persona se trata y si le gusta la narración lineal o interactiva.
Además, otra característica de esta aplicación digital es la "realidad aumentada", es decir, la capacidad de añadir elementos digitales a la imagen que ve el usuario a través de su móvil. Esto significa, por ejemplo, que los visitantes podrán colocar el teléfono ”inteligente” delante de las estatuas del museo y verlas en su pantalla en los colores reales que tenían en la antigüedad. Al principio, la aplicación será sólo para iPhone y iPad, mientras que su disposición al público está prevista para otoño de 2014.

Fuente: panoramagriego.gr

Παρασκευή, 16 Νοεμβρίου 2012

ΤΟ ΕΘΝΙΚΟ ΝΟΜΙΣΜΑΤΙΚΟ ΜΟΥΣΕΙΟ ΣΤΟ ART PROJECT ΤΗΣ GOOGLE


El Museo Numismático al Art Project de Google 
El Museo Numismático de Atenas es el primer museo estatal de Grecia que formó parte del innovador programa de Google, ”Art Project”. Lanzado en febrero de 2011 por sólo 17 museos en nueve países, hoy cuenta ya con 151 participantes- museos en 40 países.Se trata de una nueva plataforma digital que permite a los ciudadanos del mundo a "vagar" en línea disfrutando de los tesoros únicos de los museos que participan en ella. En concreto, el programa incluye una selección de más de 30.000 objetos de arte, disponibles en alta resolución, dando al visitante la oportunidad de navegar por los espacios digitales de 46, por el momento, instituciones culturales. 
Especialmente para el Museo Numismático, los usuarios pueden navegar por todas sus salas y colecciones y conocer monedas raras, sellos y medallas, obteniendo una detallada información sobre las mismas y su creador. Los textos que acompañan las fotos de alta resolución son editados por empleados del Museo. Además del Museo Numismático, en el programa participan, también, el Museo de la Acrópolis, el Museo de Arte Cicládico y el Museo Benaki.
Fuente: panoramagriego.gr

Τετάρτη, 14 Νοεμβρίου 2012

ΟΙ ΤΡΕΙΣ ΖΩΕΣ ΤΟΥ ΖΥΛ ΝΤΑΣΕΝ. ΑΠΟ ΤΑ ΦΙΛΜ ΝΟΥΑΡ ΣΤΟ ΝΕΟ ΜΟΥΣΕΙΟ ΤΗΣ ΑΚΡΟΠΟΛΗΣ

Las tres vidas de Jules Dassin (1911-2008) 

Del cine negro al Nuevo Museo de la Acrópolis

Editorial Académica Española (2012)
La vida de Jules Dassin fue tan larga y azarosa que él mismo declaró "haber vivido tres vidas". Criado en Nueva York en una familia de emigrantes judíos rusos, pronto dio el salto del teatro a la dirección de cine. Dassin, reconocido como uno de los maestros del cine negro americano, vio su carrera en Hollywood truncada por la "caza de brujas" del senador MacCarthy en los años 50. Exiliado en París, le costó mucho proseguir su carrera (aun alumbrando una obra maestra como Rififi), hasta su encuentro con la actriz Melina Mercuri en Cannes, que le llevaría a una nueva vida, en Grecia. Es autor de una amplia y variada filmografía, con titulos emblemáticos como La ciudad desnuda, Noche en la ciudad, Rififí, Nunca en Domingo, Fedra, o Topkapi. Temas como la justicia social, la solidaridad y el compañerismo, la delación y la traición, recorren sus películas. Tras la Dictadura en Grecia, que los condujo a un nuevo exilio, apoyó la carrera política de su mujer, y su campaña por la recuperación de obras de arte expoliadas, como los Mármoles de la Acrópolis. Retirado del cine, dedicó sus últimos años a este objetivo e impulsó la construcción del Nuevo Museo de la Acrópolis en Atenas.



Δευτέρα, 12 Νοεμβρίου 2012

ΔΥΟ ΙΣΠΑΝΙΚΕΣ ΥΠΟΨΗΦΙΟΤΗΤΕΣ ΓΙΑ ΤΟ ΚΡΑΤΙΚΟ ΒΡΑΒΕΙΟ ΜΕΤΑΦΡΑΣΗΣ


Las dos candidaturas españolas en la lista corta de este año para el Premio Nacional de traducción de griego a otra lengua:

Stratis Tsirkas, Ciudades a la deriva, edición de Ioanna Nicolaidou, traducción de Vicente Fernández González, Leandro García Ramírez, María López Villalba y Ioanna Nicolaidou, Madrid: Cátedra, Letras Universales

información plus:

Υannis Ritsos, Crisotemis, traducción de Selma Ancira. Barcelona: Acantilado.

información plus:

ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ: "CRISÓTEMIS" DE YANNIS RITSOS

Σάββατο, 10 Νοεμβρίου 2012

Η ΔΥΣΤΥΧΙΑ ΤΟΥ ΝΑ ΕΙΣΑΙ ΕΛΛΗΝΑΣ


A Nikos Dimou lo han acusado de “antigriego” tantas veces como halagado por su sentido para la ironía. En “La desgracia de ser griego” le pasó factura filosófica a sus compatriotas hace ya casi cuatro décadas. Ahora, las tesis plasmadas en este libro parecen más actuales que nunca, y al análisis de Dimou se recurre con frecuencia en la búsqueda de las raíces de los problemas que achacan al país sur europeo. También Deutsche Welle le preguntó por la crisis, entre otros asuntos.
Deutsche Welle: ¿Por qué considera usted una desgracia ser griego?
Nikos Dimou: Los griegos tienen un gran problema de identidad. Cuando Grecia se liberó de la dominación otomana en 1830, el 90% de los griegos eran campesinos. Una burguesía al estilo de la surgida en Europa occidental no se había desarrollado en Grecia.
Nosotros no tuvimos ni Renacimiento ni Ilustración ni reforma eclesiástica. Todos estos acontecimientos que sentaron los cimientos de la Europa moderna no se dieron en nuestro país. Los griegos se tuvieron que poner al día rápidamente en muchas cosas. Al mismo tiempo, les hicieron creer que eran mejores que el resto de los europeos: los divinos hijos de la mayor civilización sobre la faz de la Tierra. Todavía hoy muchos griegos se sienten orgullosos de ser los descendientes de Aristóteles y Platón. Pero esto es deprimente. Es como ser el hijo de un premio Nobel que no ha conseguido llegar muy lejos en la vida y se le compara constantemente con su padre.
¿Existe relación entre ese problema de identidad del que habla y la actual crisis económica?
Sí, por supuesto. En mi opinión, el problema de identidad forma parte fundamental del alma griega. Con Europa mantenemos una relación de amor-odio. Envidiamos a países como Alemania o Francia y nos gustaría ser como ellos. Pero, al mismo tiempo, no nos fiamos de Occidente. Tendemos a exportar las razones de nuestros problemas y a autoconvencernos de que son malvadas fuerzas extranjeras las responsables de todo lo malo. Dentro de esto se enmarca el recurso a Angela Merkel como cabeza de turco en la actual crisis griega. A esta desconfianza hacia Occidente también ha contribuido la Iglesia ortodoxa griega, que ha predicado durante siglos contra los ‘herejes occidentales’.
¿Cuánta influencia social tiene hoy por hoy la Iglesia ortodoxa griega?
Todavía mucha. Siempre que el Estado ha querido emprender reformas que a la Iglesia no le han gustado, la Iglesia ha acabado ganando la batalla. La mayoría de mis compatriotas sólo va a la iglesia en Navidad y en Semana Santa. La religión ortodoxa es para nosotros más una tradición, un pedazo de identidad cultural.
¿Se esperaba usted una crisis como la que está viviendo en estos momentos Grecia?
Sí, que algo así iba a pasar lo predije ya hace mucho tiempo. Los griegos gastábamos cada vez más dinero, contratábamos cada vez a más funcionarios e incluso celebramos los Juegos Olímpicos. Este comportamiento me recuerda al de las familias pobres que se endeudan hasta el resto de sus días para organizar las bodas de sus hijas.
¿En qué situación cree que estará Grecia dentro de diez años?
La humanidad seguirá avanzando, Europa superará la crisis económica. Pero yo no creo que siga en este mundo cuando eso pase. Tengo 77 años y aunque viviera aún 10 años o más, dudo que vea el final de esta crisis. La crisis va a mantener en vilo a Europa durante mucho tiempo. (dw.de, 31/3/2012)

Δευτέρα, 5 Νοεμβρίου 2012

ΕΘΝΙΚΟ ΘΕΑΤΡΟ. ΟΔΥΣΣΕΙΑ


Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos,
que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar;
vió muchas ciudades de hombres y conoció su talante,
y dolores sufrió sin cuento en el mar tratando
de asegurar la vida y el retorno de sus compañeros.
Mas no consiguió salvarlos, con mucho quererlo,
pues de su propia insensatez sucumbieron víctimas,
¡locas! de Hiperión Helios las vacas comieron,
y en tal punto acabó para ellos el día del retorno.
Diosa, hija de Zeus, también a nosotros,
cuéntanos algún pasaje de estos sucesos.
Trad.: José Luis Calvo Martínez

Odisea 
Dir.: Bob Wilson 
Teatro Nacional, Atenas, 2012 


   

Παρασκευή, 2 Νοεμβρίου 2012

ΕΙΚΟΝΕΣ ΑΠΟ ΤΗΝ ΕΛΛΑΔΑ 1

Platón Antoníu (Grecia, 1968-  )

Platon Antoniou, nacido en Londres en 1968, fue criado en Grecia por su madre inglesa y su padre griego. Acudió a la St. Martin's School of Art y al Royal College of Art, donde uno de sus profesores y mentores fue el fotógrafo John Hinde. Ha retratado a diversos líderes mundiales y figuras públicas, muchos de ellos para la revista The New Yorker.Ha publicado dos libros: Platon's republic (2004) y Portraits of power (2011). (es.wikipedia.org)
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