Σάββατο 30 Ιουνίου 2012

ΕΛΛΗΝΙΚΗ ΑΣΤΥΝΟΜΙΚΗ ΛΟΓΟΤΕΧΝΙΑ 5. ΒΑΣΙΚΟΣ ΜΕΤΟΧΟΣ

Capítulo 1
—¿Puede explicarnos la doctoranda por qué ha elegido este tema?
Lleva una blusa roja y aquellos vaqueros que casi nunca se quita. Es como si la viera con la ropa de diario. La única diferencia es la chaqueta azul con un broche que se ha puesto para la ocasión. Le brilla la cara, en parte por la angustia y en parte por el calor: estamos en junio y la humedad de Salónica resulta insoportable.
—Porque creo, señores del tribunal, que las cuestiones controvertidas y complejas, incluso las irresolubles, desbordan los límites de cada ciencia. No son asuntos meramente jurídicos o políticos. Quería investigar una de estas cuestiones complejas. En otras palabras, quería demostrar que el problema del terrorismo sólo puede abordarse de manera interdisciplinar.
Mantiene la mirada fija en los profesores del tribunal, los dedos entrelazados y las manos fuertemente unidas, sin duda para que se protejan mutuamente de movimientos inoportunos. Evita volverse hacia el lugar en que nosotros estamos sentados. Teme que nuestras miradas se crucen y le traicionen los nervios.
¿Cuántos años hace que esperaba yo este momento? Al principio sólo contaba con que estudiaría la licenciatura; cuatro, a lo sumo cinco años si se encallaba en alguna asignatura. Después llegó el doctorado y han sido ocho. Ocho años que cuento y
recuento mi sueldo, a ver si ha subido: cuento el alquiler y los gastos de la casa, cuento la ropa y las camisas que me compro, los zapatos de Adrianí, cuento, cuento...
De repente pasaban por delante de mí, en lugar de billetes de mil y de cinco mil dracmas, billetes de veinte y de cincuenta euros, pero no hice caso y seguí contando. Y todo eso, durante ocho años enteros, para sacar adelante la carrera de Katerina.
—¿Se puede considerar un homicidio consumado en el curso de una acción terrorista, legalmente hablando, un acto igual a un homicidio cuyo objetivo fuera la sustracción de los bienes materiales de la víctima?
«¿Qué hará con tantos estudios?», me decían mis compañeros policías. «Si fuese un chico, aún. Ha de hacer carrera, casarse el día de mañana, formar una familia... Pero ¿una chica? ¡Inscríbela en la Escuela Superior de Policía, que le den una plaza y que tenga un sueldo seguro, un mes sí, y el otro también, y para toda la vida! Y si no quiere ser policía, mándala a algún centro de formación profesional, que aprenda un oficio, y que ayude en los gastos de la casa.»
Cuando les comuniqué que había ingresado en la Facultad de Derecho me miraron extrañados, con aquella expresión que significa: «Me das pena, pero no te lo quiero decir». De vez en cuando me preguntaban: «¿Qué tal Katerina?», «¿Cómo le va en la universidad?», «¿Cuándo termina?». Y cuando dije, casi mirando al suelo como si me avergonzase, que había acabado pero que continuaba con el doctorado, se produjo el mismo silencio sepulcral que cuando empezó la universidad. Sólo Tsabarás, de la Dirección Antifraude Fiscal, me dijo: «Dejarás que se complique la vida, ¿verdad?».
—Si en un caso el móvil es la desesperación política de un pueblo oprimido y en el otro una ganancia ilícita, entonces, aunque en ambos casos parezca evidente que el delito es el mismo, el juez, sin embargo, podría actuar de modo distinto al dictar sentencia.
Miro a Adrianí, que está sentada tres filas más adelante. Ha argumentado, como excusa, que quería sentarse delante mismo de Katerina para verla mejor. Se ha puesto todas las joyas que guarda desde que se fue de casa de sus padres: el anillo que le regalé cuando nos prometimos y el de la boda, además del collar con que la obsequié cuando nació Katerina.
«¿Cómo se te ha ocurrido emperejilarte de esta manera? ¿Crees que vamos a una recepción?», le he dicho al verla tan elegante.
«Si no me lo pongo por nuestra hija, ¿cuándo me lo pondré? Una vez más cuando se case, y después lo guardaré todo bajo siete llaves para siempre.»

Petros Márkaris: El accionista mayoritario (Tusquets)
Ese caluroso mes de junio Kostas Jaritos de pronto recibe una terrible noticia: el barco en el que su hija Katerina viajaba a Creta, donde se disponía a disfrutar de unas breves vacaciones con su novio, acaba de ser asaltado por un comando terrorista. La vida de todos los viajeros corre peligro, pero los terroristas callan, ni siquiera han declarado de qué nacionalidad son, qué pretenden hacer con el barco ni qué condiciones piensan exigir a cambio de la vida de los pasajeros. ¿Son islamistas de Al-Qaeda, palestinos, chechenos? En estas, le ordenan investigar el asesinato de un modelo publicitario que trabaja haciendo anuncios para la televisión. El comisario tendrá que mantener toda su sangre fría para lidiar en ambos frentes: el del mundo de la publicidad y el del terrorismo internacional, mientras su vida familiar se ve dramáticamente afectada.


Kostas Jaritos es un policía que parece antipático, esta siempre más o menos malhumorado, es un hombre descontento: no está a gusto con su pasado (como nuestro Pepe Carvalho), no le gusta saber de donde viene y su futuro le resulta incierto (como a nuestro Carvalho, que no sabe si ahorrará suficiente para la jubilación). Pero, a pesar de todo, sigue adelante. Nos gusta cuando es consciente que “estoy luchando contra un monstruo de dos cabezas y tengo que conformarme con cortarle tres deditos”.
Jaritos es un policía que ya ha cumplido los cincuenta, con una mujer que no es catedrática de literatura, ni especialista en Henry James, ama de casa aficionada a los reality shows de la televisión, con una hija estudiante de derecho, en la primera novela, abogada después. Él es consciente de sus limitaciones, “a fin de cuentas qué sería de un policía sin prejuicios”, nos dice en Defensa cerrada, y anteriormente, en Noticias de la noche, nos ha confesado que “el policía que ya no pega es como el fumador que ya no fuma. Aunque la lógica le diga que ha hecho muy bien en dejarlo, por dentro se muere de ganas por repartir unas cuantas hostias, como el ex fumador se muere por un par de caladitas”.
Un policía que proviene de la dictadura, como nuestro querido Inspector Méndez, creado por Francisco González Ledesma, el Primer Premio Pepe Carvalho.
Nos gusta Jaritos porque los años de ejercicio profesional no han conseguido que caiga en la rutina o en el cansancio.
Desde entonces, desde aquella primera novela, Kostas Jaritos es uno de los nuestros.
Paco Camarasa (serienegra.es)

Δεν υπάρχουν σχόλια:

Related Posts with Thumbnails