Πέμπτη, 10 Μαΐου 2012

ΒΑΣΙΛΙΚΟΙ ΓΑΜΟΙ ΣΤΗΝ ΑΘΗΝΑ ΤΟΥ 1962 (2)


El ritual ortodoxo les resultó pintoresco a los invitados españoles.
Las coronas suspendidas encima de la cabeza de los novios como símbolo depureza, beber en la misma copa como señal de unión, también bailar con el arzobispo alrededor de la mesa nupcial según el libro de Isaías mientras diez toneladas de pétalos de rosas caían encima de los contrayentes.
Pero el momento decisivo sí que lo entendió todo el mundo. A la pregunta en griego:
—θέλετε για έναν σύζυγο?
Juanito contestó con voz que era casi un suspiro:
—Sí.
Mientras Sofía pronunció cuidadosamente:
— Mάλιστα [sí, quiero].


[…]
Cuando acabaron las interminables ceremonias religiosas, los invitados se fueron trotando al Palacio Real a firmar la tercera boda, la civil, delante del alcalde de Atenas.
A las tres y media de la tarde, ciento setenta elegidos, que habían asistido a varias fiestas prenupciales y que además llevaban arreglados y vestidos desde las seis de la mañana, se sentaron por fin a almorzar en las grandes carpas instaladas en los jardines del Palacio Real con un suspiro de alivio.


[…]
Había orquesta, y Onassis se empeñó en que tocaran Zorba el Griego.
Él mismo se puso a bailar el sirtaki con otros invitados. A Federica se le notaban unas ganas locas de unirse a ellos, pero no se atrevió; seguía la música con los pies y dando palmas. Fue el momento más emocionante y espontáneo de la ceremonia, en el que se vio que, por debajo de todo el paripé artificial que había querido montar la reina para deslumbrar al mundo, en el fondo solo se trataba de la boda de una chica griega.
Era el 14 de mayo de 1962.
Los novios se fueron a los postres y embarcaron en el lujoso yate negro de Niarchos, el Creole, donde pasarían la noche de bodas.

PilarEyre: La soledad de la Reina (La Esfera de los Libros, 2012)

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