Τρίτη, 15 Ιουνίου 2010

Η ΟΛΥΜΠΙΑΚΗ ΦΛΟΓΑ

La llama olímpica, o fuego olímpico, es uno de los símbolos de los Juegos Olímpicos, y evoca el mito de Prometeo, que habría robado el fuego a Zeus para entregarlo a los mortales. Durante la celebración de los Juegos Olímpicos de la antigüedad, en Olimpia, se mantenía encendido un fuego que ardía mientras duraran las competiciones, siendo esta tradición reintroducida en los Juegos Olímpicos de Amsterdam 1928. En los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, se realizó por primera vez una marcha de atletas para transportar una antorcha con la llama, desde las ruinas del templo de Hera en Olimpia, hasta el Estadio Olímpico de Berlín.


En los Juegos Olímpicos de Verano de 1928, en Ámsterdam, el arquitecto neerlandés Jan Wils incluyó en el dibujo del estadio olímpico una torre y tuvo la idea de encender en ella una llama durante los juegos. En la ceremonia de apertura, el 28 de julio de 1928, un empleado de la empresa eléctrica de Amsterdam encendió por primera vez la llama de los Juegos Olímpicos de la era moderna en la torre entonces llamada Marathontower (y que se quedó conocida localmente como "cenicero de la KLM").
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1928
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Cuatro años más tarde, en los Juegos Olímpicos de Verano de 1932, volvió a encenderse una llama durante los Juegos en el estadio de Los Ángeles. Durante la ceremonia de clausura se presentó una cita de Pierre de Coubertin que decía: "Que la Antorcha Olímpica siga su curso a través de los tiempos para el bien de la humanidad cada vez más ardiente, animosa y pura"
En 1936, en los Juegos Olímpicos de Berlín, Carl Diem concibió la ceremonia del transporte de la llama Olímpica desde el antiguo local de realización de los Juegos en Olimpia en Grecia, hasta el estadio donde se realizaban los Juegos. Más de 3000 atletas realizaron una carrera para transportar la antorcha desde Olimpia hasta Berlín, donde el corredor Fritz Schilgen encendió la llama en la ceremonia de apertura el 1 de agosto. La carrera de la antorcha pasaría a formar parte de los Juegos Olímpicos
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1936
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Unos meses antes de cada realización de los Juegos Olímpicos (la fecha exacta varía de acuerdo con la duración del recorrido hasta el estadio Olímpico), la llama es encendida en Olimpia, frente a las ruinas del templo de Hera, en una ceremonia que pretende volver a vivir el método usado en la antigüedad y que se destinaba a garantizar la pureza de la llama: actrices que representan sacerdotisas de Hestia colocan una antorcha en la concavidad de un espejo parabólico que concentra los rayos del Sol que, como en la antigüedad, enciende la llama que marcará el inicio de una realización más de los Juegos.
Enseguida, la llama es transferida hacia una urna que es llevada hasta el lugar del antiguo estadio. Ahí la llama se usa para encender la antorcha olímpica, transportada por el atleta que hará el primer recorrido del viaje, y que conducirá la llama a lo largo del recorrido hasta el estadio donde se realicen los Juegos. Si la llama se apaga los juegos seran cancelados por mal presagio
Como prevención, unos días antes se enciende una llama, usando el mismo método, que entonces se mantiene encendida para ser usada si el cielo está nublado el día de la ceremonia. (es.wikipedia.org)
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1936

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