Πέμπτη 10 Φεβρουαρίου 2011

ΑΓΙΟΣ ΝΕΚΤΑΡΙΟΣ. ΕΝΑΣ ΑΓΙΟΣ ΤΟΥ 20ου ΑΙΩΝΑ

San Nectario de Égina o San Nectario de Pentápolis (1846-1920), metropolitano de Pentapolis y Hacedor de Maravillas de Égina, fue reconocido oficialmente como santo por el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla en 1961. Su festividad se celebra el 9 de noviembre. De vez en cuando su nombre se escribe Nektarios.

Anastasios Cefalas (su nombre real) nació el 1 de Octubre de 1846 en Selybria, Tracia, en el seno de una familia pobre, a la edad de 14 años se mudó a Constantinopla para trabajar y continuar con su educación.
En 1866 se mudó a la isla de Chios, donde enseñó en una escuela durante siete años. Allí se convirtió en monje a la edad de treinta años (lo cual en sí mismo es bastante inusual), tomando el nombre de Lázaro. Tres años después de convertirse en monje, fue ordenado diácono, tomando el nombre de "Nectario".
Durante sus años como estudiante de la Universidad de Atenas escribió muchos libros, folletos, y comentarios Bíblicos, graduándose de sus estudios de teología en 1885. Después de su graduación fue a Alejandría, Egipto, donde fue ordenado sacerdote por el Patriarca Sofronio en la Catedral de San Sabas de Alejandría el 23 de marzo de 1883, sirviendo a la Iglesia en El Cairo con gran distinción. En la Iglesia de San Nicolás de esta última ciudad, fue elevado a archimandrita en agosto del mismo año.
En reconocimiento de su piedad y brillantez como predicador, además de su capacidad administrativa, fue consagrado obispo metropolitano de Pentápolis, Sede Egipcia de la Libia Oriental, por el Patriarca Sofronio de Alejandría y Toda África el 15 de enero de 1889, en su parroquia, la Iglesia San Nicolás de El Cairo. Sirvió como obispo en El Cairo por un año, pero fue injustamente destituido de su puesto por clérigos que envidiaban su popularidad con la gente y que inventaron mentiras sobre él. El Patriarca Sofronio se rehusó a escuchar a San Nectario, quien fue expulsado de Egipto en 1890, sin pruebas ni explicación, y nunca se le dio una oportunidad para defenderse.
Después de su destitución, volvió a Grecia en 1891, donde fue nombrado predicador en la jurisdicción de Euboia, una gran isla griega, al norte de Atenas, donde sirvió por dos años y medio. En 1893 fue transferido a parte de la Grecia continental, al oeste de Atenas, donde sirvió como predicador con la misma gran eficacia que tuvo en Euboia.
En 1894 fue nombrado director de la Escuela Eclesiástica Rizarios en Atenas, donde su servicio fue ejemplar durante quince años. En ese tiempo desarrolló muchos cursos de estudio, y escribió numerosos libros, todo mientras predicaba mucho por todo Atenas.
En 1904, a petición de varias monjas, estableció un monasterio para ellas en la isla de Égina, que recibió el nombre de "Monasterio de la Santísima Trinidad". En diciembre de 1908, a la edad de 62 años, San Nectario renunció a su cargo de director de la Escuela Teológica Rizarios y se retiró al Convento de la Santísima Trinidad en Égina, donde vivió el resto de su vida como un monje. Él escribió, publicó, predicó, y escuchó confesiones de aquellos que vinieron desde cerca y lejos solicitando su perspicacia espiritual. Mientras estuvo en el monasterio, cuidó los jardines, acarreó piedras, y ayudó con la construcción de los edificios del monasterio, que fueron edificados con sus propios fondos.
San Nectario falleció al atardecer del 9 de Noviembre de 1920 (el día después de la conmemoración de los Arcángeles San Miguel y San Gabriel), tras su hospitalización por cáncer a la próstata. Su cuerpo fue llevado al Convento de la Santísima Trinidad, donde fue enterrado por un Hieromonje llamado Sabas, quien más tarde pintó el primer ícono de San Nectario. A su funeral asistieron multitudes de personas de todas partes de Grecia y Egipto.
Las reliquias de San Nectario fueron removidas de su tumba el 2 de Septiembre de 1953. Sus reliquias distribuyeron una hermosa fragancia. (es.wikipedia.org)
Alejandría, 15 de Septiembre de 1998
El Espíritu Santo ha iluminado a los miembros reunidos del Santo Sínodo del Patriarcado de Alejandría y Toda África, bajo el liderazgo de S.B. Pedro VII, Papa y Patriarca de Alejandría y Toda Africa, a más de un siglo desde que San Nectario, el gran Maestro y Padre de la Santa Iglesia Ortodoxa de Oriente, fuera expulsado de la Iglesia de Alejandría, para alcanzar la siguiente decisión:
Tomando en cuenta la resolución de la Iglesia de ubicar a San Nectario entre los santos, debido a sus innumerables milagros y su aceptación dentro de la conciencia religiosa de los cristianos Ortodoxos a través del mundo, apelamos a la misericordia de Dios, siempre caritativo
Nosotros, por este medio, restauramos el orden eclesiástico del Santo de nuestro siglo, San Nectario, y le concedemos todos los creditos y honores debidos. Suplicamos a San Nectario que perdone tanto a nosotros, indignos como somos, y a nuestros predecesores, nuestros hermanos en el Trono de Alejandría, por la oposición al Santo y por todo lo que, debido a la debilidad o error humano, sufrió nuestro Santo Padre, Obispo de Pentápolis, San Nectario.


+ PEDRO VII
Por la Gracia de Dios
Papa y Patriarca de Alejandría y toda África.


Monasterio de San Nectario en la isla de Égina

Κυριακή 30 Ιανουαρίου 2011

ΓΙΑΝΝΗΣ ΜΕΤΖΙΚΩΦ. ΘΕΑΤΡΙΚΑ ΕΝΔΥΜΑΤΑ ΚΑΙ ΠΡΟΣΩΠΕΙΑ, ΑΠΟ ΤΗ ΣΚΗΝΗ ΣΤΟ ΜΟΥΣΕΙΟ

Más de 100 trajes y 130 máscaras atestiguan las 3 décadas del trabajo impresionante de Yannis Metsikof como diseñador de vestuario teatral en una gran exposición retrospectiva en la Pinacoteca Nacional de Atenas (22/12/2010 - 28/02/ 2011).

Πέμπτη 20 Ιανουαρίου 2011

ΔΗΜΗΤΡΗΣ ΠΙΚΙΩΝΗΣ 1887-1968


Dimitris Pikionis 1887- 1968
La exposición presenta la mayor parte de la obra pictórica y arquitectónica de Dimitris Pikionis, que ha pasado a la propiedad del Museo Benaki gracias a la importante donación de la familia Pikionis.
En la primera parte de la exposición se presenta su obra pictórica en las unidades dispuestas por él mismo: De la Naturaleza, Recuerdos de París, Antigüedad, Bizancio, De la Fantasía, Popular. La pintura era para Dimitris Pikionis una cuestión más bien personal, que atañía su propia trayectoria artística hacia la madurez.
En la segunda parte de la exposición se presenta el conjunto de su obra arquitectónica, estudios sobre la arquitectura de Zagora y de Castoria, parte de su estudio sobre la arquitectura popular de Quíos, volúmenes de la revista To 3ο mati (El Tercer Ojo en cuya redacción colaboraron Nikos Hatzikyriakos-Ghika, Stratis Doukas, Spyros Papaloukas, Socratis Carantinos, Takis Papatsonis, MIhalis Tombros, Angelos Theodoropoulos), así como documentos de sus relaciones con personalidades como Giorgio de Chirico, Bouzianis, Nikos Hatzikyriakos-Ghika, Giannis Tsarouhis, Angelos Sikelianos, Walter Gropius, Constantinos Doxiadis, etc.


Σάββατο 15 Ιανουαρίου 2011

ΡΟΥΧΑ ΖΩΓΡΑΦΙΣΜΕΝΑ ΣΤΟ ΧΕΡΙ





50 años. Juntos en el arte: Pepi Svoronou y Dimosthenis Kokkinidis : Una breve retrospección
Una pareja de artistas y su trayectoria en la pintura y el diseño.
Una presentación retrospectiva conjunta de las obras de dos pintores con diferentes tendencias e idiosincrasias artísticas que fueron pareja en la vida y en el arte durante cincuenta años. El público tendrá la posibilidad de seguir de forma paralela la evolución de la pintura de ambos artistas y descubrir sus convergencias y divergencias en el diálogo que desarrollaron a lo largo de toda una vida en común.
Uno de sus puntos de encuentro fue la totalmente original (y no sólo para Grecia) aplicación de la pintura sobre telas, lo que dio lugar a la creación de los vestidos pintados a mano «Pepi’s hand-painted dresses». Enmarcada por las pinturas de ambos artistas, se presentará por primera vez una selección de esos vestidos pintados que tuvieron un gran éxito en Europa y los EE.UU. entre 1961 y 1979.

Museo Benaki (9-12-2010 - 6/2/2011)

Πέμπτη 6 Ιανουαρίου 2011

ΘΕΟΦΑΝΕΙΑ


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La festividad de la Epifanía es una tradición que da cierre a los “doce días de Navidad” que finalizan el 6 de enero en Grecia.
Según la tradición griega, el 6 de enero es también el día de la bendición de las aguas y en todos los puertos y las islas del país un sacerdote arroja al mar un crucifijo y los más valientes entre los presentes se internan en las heladas aguas para rescatar y regresar a tierra firme a la reliquia cristiana.
Se dice que quien logra obtener la cruz y entregarla al sacerdote tendrá buena suerte durante todo el año siguiente. (sologrecia.com)

Σάββατο 1 Ιανουαρίου 2011

Ο ΑΓΙΟΣ ΒΑΣΙΛΕΙΟΣ

SAN BASILIO nació en Cesarea, la capital de Capadocia, en el Asia Menor, a mediados del año 329. Por parte de padre y de madre, descendía de familias cristianas que habían sufrido persecuciones y, entre sus nueve hermanos, figuraron San Gregorio de Nicea, Santa Macrina la Joven y San Pedro de Sebaste. Su padre, San Basilio el Viejo, y su madre, Santa Emelia, poseían vastos terrenos y Basilio pasó su infancia en la casa de campo de su abuela, Santa Macrina, cuyo ejemplo y cuyas enseñanzas nunca olvidó. Inició su educación en Constantinopla y la completó en Atenas. Allá tuvo como compañeros de estudio a San Gregorio Nacianceno, que se convirtió en su amigo inseparable y a Juliano, que más tarde sería el emperador apóstata.
Basilio y Gregorio Nacianceno, los dos jóvenes capadocios, se asociaron con los más selectos talentos contemporáneos y, como lo dice éste último en sus escritos, “sólo conocíamos dos calles en la ciudad: la que conducía a la iglesia y la que nos llevaba a las escuelas”. Tan pronto como Basilio aprendió todo lo que sus maestros podían enseñarle, regresó a Cesárea. Ahí pasó algunos años en la enseñanza de la retórica y, cuando se hallaba en los umbrales de una brillantísima carrera, se sintió impulsado a abandonar el mundo, por consejos de su hermana mayor, Macrina. Esta, luego de haber colaborado activamente en la educación y establecimiento de sus hermanas y hermanos más pequeños, se había retirado con su madre, ya viuda, y otras mujeres, a una de las casas de la familia, en Annesi, sobre el río Iris, para llevar una vida comunitaria.
Fue entonces, al parecer, que Basilio recibió el bautismo y, desde aquel momento, tomó la determinación de servir a Dios dentro de la pobreza evangélica. Comenzó por visitar los principales monasterios de Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia, con el propósito de observar y estudiar la vida religiosa. Al regreso de su extensa gira, se estableció en un paraje agreste y muy hermoso en la región del Ponto, separado de Annesi por el río Iris, y en aquel retiro solitario se entregó a la plegaria y al estudio. Con los discípulos, que no tardaron en agruparse en torno suyo, entre los cuales figuraba su hermano Pedro, formó el primer monasterio que hubo en el Asia Menor, organizó la existencia de los religiosos y enunció los principios que se conservaron a través de los siglos y hasta el presente gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de oriente. San Basilio practicó la vida monástica propiamente dicha durante cinco años solamente, pero en la historia del monaquismo cristiano tiene tanta importancia como el propio San Benito.
Por aquella época, la herejía arriana estaba en su apogeo y los emperadores herejes perseguían a los ortodoxos. En el año 363, se convenció a Basilio para que se ordenase diácono y sacerdote en Cesárea; pero inmediatamente, el arzobispo Eusebio tuvo celos de la influencia del santo y éste, para no crear discordias, volvió a retirarse calladamente al Ponto para ayudar en la fundación y dirección de nuevos monasterios. Sin embargo Cesárea lo necesitaba y lo reclamó. Dos años más tarde, San Gregorio Nacianceno, en nombre de la ortodoxia, sacó a Basilio de su retiro para que le ayudase en la defensa de la fe del clero y de las Iglesias. Se llevó a cabo una reconciliación entre Eusebio y Basilio; éste se quedó en Cesárea como el primer auxiliar del arzobispo; en realidad, era él quien gobernaba la Iglesia, pero empleaba su gran tacto para que se diera crédito a Eusebio por todo lo que él realizaba. Durante una época de sequía a la que siguió otra de hambre, Basilio echó mano de todos los bienes de todos los bienes que le había heredado su madre, los vendió y distribuyó el producto entre los más necesitados; mas no se detuvo ahí su caridad, puesto que también organizó un vasto sistema de ayuda, que comprendía a las cocinas ambulantes que él mismo, resguardado con un delantal de manta y cucharón en ristre, conducía por las calles de los barrios más apartados para distribuir alimentos a los pobres.
El año de 370 murió Eusebio y, a pesar de la oposición que se puso de manifiesto en algunos poderosos círculos, Basilio fue elegido para ocupar la sede arzobispal vacante. El 14 de junio tomó posesión, para gran contento de San Atanasio y una contrariedad igualmente grande para Valente, el emperador arriano. El puesto era muy importante y, en el caso de Basilio, muy difícil y erizado de peligros, porque al mismo tiempo que obispo de Cesárea, era exarca del Ponto y metropolitano de cincuenta sufragáneos, muchos de los cuales se habían opuesto a su elección y mantuvieron su hostilidad, hasta que Basilio, a fuerza de paciencia y caridad, se conquistó su confianza y su apoyo.
Antes de cumplirse doce meses del nombramiento de Basilio, el emperador Valente llegó a Cesárea, tras de haber desarrollado en Bitrina y Galacia una implacable campaña de persecuciones. Por delante suyo envió al prefecto Modesto, con la misión de convencer a Basilio para que se sometiera o, por lo menos, accediera a tratar algún compromiso. Varios habían renegado por miedo, pero nuestro santo le respondió:
¿Qué me vas a poder quitar si no tengo ni casas ni bienes, pues todo lo repartí entre los pobres? ¿Acaso me vas a atormentar? Es tan débil mi salud que no resistiré un día de tormentos sin morir y no podrás seguir atormentándome. ¿Qué me vas a desterrar? A cualquier sitio a donde me destierres, allá estará Dios, y donde esté Dios, allí es mi patria, y allí me sentiré contento . . .
El gobernador respondió admirado: “Jamás nadie me había contestado así”.
Y Basilio añadió: “Es que jamás te habías encontrado con un obispo”.
El emperador Valente se decidió en favor de exilarlo y se dispuso a firmar el edicto; pero en tres ocasiones sucesivas, la pluma de caña con que iba a hacerlo, se partió en el momento de comenzar a escribir. El emperador quedó sobrecogido de temor ante aquella extraordinaria manifestación, confesó que, muy a su pesar, admiraba la firme determinación de Basilio y, a fin de cuentas, resolvió que, en lo sucesivo, no volvería a intervenir en los asuntos eclesiásticos de Cesárea.
Pero apenas terminada esta desavenencia, el santo quedó envuelto en una nueva lucha, provocada por la división de Capadocia en dos provincias civiles y la consecuente reclamación de Antino, obispo de Tiana, para ocupar la sede metropolitana de la Nueva Capadocia. La disputa resultó desafortunada para San Basilio, no tanto por haberse visto obligado a ceder en la división de su arquidiócesis, como por haberse malquistado con su amigo San Gregorio Nacianceno, a quien Basilio insistía en consagrar obispo de Sasima, un miserable caserío que se hallaba situado sobre terrenos en disputa entre las dos Capadocias. Mientras el santo defendía así a la iglesia de Cesárea de los ataques contra su fe y su jurisdicción, no dejaba de mostrar su celo acostumbrado en el cumplimiento de sus deberes pastorales. Hasta en los días ordinarios predicaba, por la mañana y por la tarde, a asambleas tan numerosas, que él mismo las comparaba con el mar. Sus fieles adquirieron la costumbre de comulgar todos los domingos, miércoles, viernes y sábados. Entre las prácticas que Basilio había observado en sus viajes y que más tarde implantó en su sede, figuraban las reuniones en la iglesia antes del amanecer, para cantar los salmos. Para beneficio de los enfermos pobres, estableció un hospital fuera de los muros de Cesárea, tan grande y bien acondicionado, que San Gregorio Nacianceno lo describe como una ciudad nueva y con grandeza suficiente para ser reconocido como una de las maravillas del mundo. A ese centro de beneficencia llegó a conocérsela con el nombre de Basiliada, y sostuvo su fama durante mucho tiempo después de la muerte de su fundador. A pesar de sus enfermedades crónicas, con frecuencia realizaba visitas a lugares apartados de su residencia episcopal, hasta en remotos sectores de las montañas y, gracias a la constante vigilancia que ejercía sobre su clero y su insistencia en rechazar la ordenación de los candidatos que no fuesen enteramente dignos, hizo de su arquidiócesis un modelo del orden y la disciplina eclesiásticos.
No tuvo tanto éxito en los esfuerzos que realizó en favor de las iglesias que se encontraban fuera de su provincia. La muerte de San Atanasio dejó a Basilio como único paladín de la ortodoxia en el oriente, y éste luchó con ejemplar tenacidad para merecer ese título por medio de constantes esfuerzos para fortalecer y unificar a todos los católicos que, sofocados por la tiranía arriana y descompuestos por los cismas y la disensiones entre sí, parecían estar a punto de extinguirse. Pero las propuestas del santo fueron mal recibidas, y a sus desinteresados esfuerzos se respondió con malos entendimientos, malas interpretaciones y hasta acusaciones de ambición y de herejía. Incluso los llamados que hicieron él y sus amigos al Papa San Dámaso y a los obispos occidentales para que interviniesen en los asuntos del oriente y allanasen las dificultades, tropezaron con una casi absoluta indiferencia, debido, según parece, a que ya corrían en Roma las calumnias respecto a su buena fe. “¡Sin duda a causa de mis pecados, escribía San Basilio con un profundo desaliento, parece que estoy condenado al fracaso en todo cuanto emprendo!"”
Sin embargo, el alivio no había de tardar, desde un sector absolutamente inesperado. El 9 de agosto de 378, el emperador Valente recibió heridas mortales en la batalla de Adrianópolis y, con el ascenso al trono de su sobrino Graciano, se puso fin al ascendiente del arrianismo en el oriente. Cuando las noticias de estos cambios llegaron a oídos de San Basilio, éste se encontraba en su lecho de muerte, pero de todas maneras le proporcionaron un gran consuelo en sus últimos momentos. Murió el 1º de enero del año 379, a la edad de cuarenta y nueve años, agotado por la austeridad en que había vivido, el trabajo incansable y una penosa enfermedad. Toda Cesárea quedó enlutada y sus habitantes lo lloraron como a un padre y a un protector; los paganos, judíos y cristianos se unieron en el duelo.
San Gregorio Nacianceno, Arzobispo de Constantinopla, en el día del entierro: “Basilio santo, nació entre santos. Basilio pobre vivió pobre entre los pobres. Basilio hijo de mártires, sufrió como un mártir. Basilio predicó siempre con sus labios, y con sus buenos ejemplos y seguirá predicando siempre con sus escritos admirables”.
Setenta y dos años después de su muerte, el Concilio de Calcedonia le rindió homenaje con estas palabras: “El gran Basilio, el ministro de la gracia quien expuso la verdad al mundo entero indudablemente que fue uno de los más elocuentes oradores entre los mejores que la Iglesia haya tenido; sus escritos le han colocado en lugar de privilegio entre sus doctores.

Se conserva una extensa colección de sus cartas:
En una de ellas nos cuenta que él pedía un cumplimiento estricto de la disciplina, lo mismo entre clérigos que entre laicos, y que cierto diácono, que no era malo, pero sí rebelde y un poco alocado y que solía presentarse en medio de un grupo de muchachas que cantaban himnos y bailaban, tuvo que vérselas con él; con igual determinación combatió la simonía en los puestos eclesiásticos y la admisión de personas indignas entre el clero; luchó contra la rapacidad y la opresión de los funcionarios y llegó a excomulgar a todos los complicados en la “trata de blancas”, una actividad muy difundida en Capadocia. Podía reconvenir con temible severidad, pero prefería las maneras suaves y gentiles; como un ejemplo, están sus cartas a una muchacha descarriada y a un clérigo colocado en un puesto de gran responsabilidad, que se estaba mezclando en política; muchos ladrones que solo aguardaban ser entregados a los jueces para sufrir un castigo terrible, fueron amparados por el santo y devueltos a sus casas en completa libertad, pero con una imborrable amonestación sobre sus conciencias. Pero tampoco se quedaba callado Basilio cuando eran los acaudalados y poderosos quienes quebrantaban sus deberes. “¡Os negáis a dar con el pretexto de que no tenéis lo suficiente para vuestras necesidades!”, exclamó en uno de sus sermones. “Pero en tanto que vuestra lengua os excusa, vuestra mano os acusa: ¡Cuántos deudores podrían ser rescatados de la prisión con uno de esos anillos! ¡Cuántas pobres gentes ateridas por el frío se cubrirían con uno solo de vuestros guardarropas! ¡Y sin embargo, vosotros dejáis ir a los pobres de vuestras puertas, con las manos vacías!” No era únicamente a los ricos a quienes imponía la obligación de dar. “¿Dices que tú eres pobre? Bien; pero siempre habrá otros más pobres que tú. Si tienes lo bastante para mantenerte vivo diez días, aquel hombre no tiene suficiente para vivir uno . . . No tengáis temor de dar lo poco que tengáis. No coloquéis nunca vuestros propios intereses antes que la necesidad común. Dad vuestro último mendrugo de pan al mendigo que os lo pide y confiad en la misericordia de Dios”. (corazones.org)
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Σάββατο 25 Δεκεμβρίου 2010

ΚΑΛΑ ΧΡΙΣΤΟΥΓΕΝΝΑ!

Yannis Tsarouchis (Grecia)


¡FELIZ NAVIDAD!

Δευτέρα 20 Δεκεμβρίου 2010

ΑΦΕΛΙΑ

El afelia (en griego αφέλια) es un plato popular de la cocina chipriota consistente un guiso de cerdo marinado en vino tinto con semillas de cilantro. También es muy popular en Grecia. Para prepararlo se necesita carne de solomillo de cerdo.
El cilantro es un condimento con aspecto similar al perejil cuando está fresco pero del cual se consumen también, y sobre todo en el Oriente, las semillas desecadas (sin él nuestro amigo el curry no sería nada). También lo encontrareis bajo el nombre de coriandro. Es lo mismo. En esta receta en particular el condimento no es accesorio, así que no hay ningún otro aderezo que sustituya al cilantro. Por suerte es fácil de encontrar.
Mi primera experiencia con el Afelia fue bastante nefasta porque utilizaron mantequilla para cocinarlo. En Chipre, ex colonia inglesa, a veces pasan - que no siempre - esas cosas y arruinan los platos por utilizar mantequilla en lugar de aceite de oliva. Debe ser que sienten nostalgia. Si lo comeis en Grecia eso no ocurrirá y te lo servirán cocinado con aceite de oliva, tal y como debe ser.

INGREDIENTES :
Solomillo de cerdo (a unos 100 gramos por comensal)
Vino tinto (el necesario para cubrir la carne)
2 cucharaditas de semillas de cilantro
Sal
Pimienta negra
Aceite virgen de oliva

PREPARACIÓN:
Utilizaremos solomillo de cerdo porque es relativamente blando. No hagais una limpieza exhaustiva de la grasa sino que dejad alguna veta porque le va bien al plato. El vino tinto puede ser cualquiera pero sobretodo que os guste. Si no gusta al paladar tal cual dificilmente os agradará una vez cocinado. Las semillas de cilantro compradlas siempre secas y enteras, no en polvo.
En primer lugar vamos a marinar el cerdo. Cortamos el solomillo en trozos cúbicos no muy grandes y lo metemos en un bol con el vino tinto dentro del frigorífico por espacio de unas cuatro horas.
Transcurrido el tiempo de marinado extraemos los trozos de solomillo y los secamos en un paño que no desprenda hilos. Reservamos el vino.
En una sartén echamos aceite de oliva y doramos los trozos. No deben quedar hechos, sólo marcados por todos los lados. Retiramos la carne y la reservamos. Si hay mucho aceite de oliva también lo retiramos, dejando sólo un poco. Con ese poco de aceite daremos un par de vueltas a las semillas y atención : cuando empiecen a desprender el aroma las llevaremos al mortero y las machacaremos. No pasa nada si las dejamos tal cual, particularmente las prefiero así. De hecho la receta ortodoxa de este plato las deja enteras.
Si las habeis machacado las devolveis a la sartén e incorporais la carne, la salpimentais al gusto y verteis el vino que hemos utilizado para marinar. Ponemos el fuego fuerte y cuando hierva lo reducimos para que se vaya haciendo lentamente durante una hora, removiendo de vez en cuando, o hasta que el solomillo esté blando. Cuando esto ocurra el líquido se habrá espesado, síntoma de que los jugos de carne y su grasa se han mezclado con el vino.

Se suele servir acompañado de un poco de salsa y con ensalada verde en el mismo plato. (mediahoradecocina.blogspot.com)

Τετάρτη 15 Δεκεμβρίου 2010

ΧΑΛΟΥΜΙ


Halloumi (en griego: χαλλούμι, turco: Kibris hellim) es un queso originario de Chipre. Tradicionalmente se elabora con una mezcla de leche de cabra y oveja, aunque se pueden encontrar halloumi elaborados con leche de vaca. El halloumi elaborado de forma industrial tiene más leche de vaca que leche de cabra y oveja. Este cambio en la proporción reduce el coste pero cambia el sabor, además de sus propiedades al ponerse a la parrilla.
El queso es blanco, con una textura distintiva en capas, algo similar a la mozzarella, y un sabor salado. Se almacena junto con sus jugos naturales (sueros) y con una especie de salmuera, se conserva durante un año si se congela fuertemente a −18 °C y si se vende descongelado en los supermercados debe estar a una temperatura de a +4 °C. Este queso posee un alto punto de fusión que le proporciona una característica resistencia a fundirse.
El halloumi elaborado de forma tradicional tiene una forma semicircular, del tamaño de una gran cartera, llegando a pesar 220-270 g; el contenido graso es aproximadamente de un 25% del peso húmedo del producto, del 47% si consideramos el producto seco y contiene una proporción aproximada de 17% de proteínas. Su textura firme hace que si ha sido cocinado "cruja" entre los dientes al morderlo.
Hoy en día el Halloumi denominación de Origen registrada como producto de Chipre (desde los 1990s) en Estados Unidos pero no en Europa. El retraso se debe al conflicto existente entre los productores lácteos que discuten sobre el contenido de la leche de vaca en los productos industriales. Una vez que haya sido registrado como un PDO (Producto con denominación de origen) gozará del mismo estatus que otros quesos europeos como el feta y el parmesano.
El Halloumi se suele servir fresco con unas ramitas de menta, tomate seco y salsa pesto. La menta se supone que añade sabor, pero en realidad debido a su acción antibacteriana ayuda a mantenerse durante más tiempo fresco, aumentando la vida del queso.
Si se empleara para cocinar, puede freírse hasta que se ponga un poco marrón superficialmente sin que llegue a fundirse (esto es debido a su alto punto de fusión), convirtiéndose de esta forma en un queso excelente para asados o a la parrilla (tal y como se sirve en el saganaki), como ingrediente de acompañamiento en las ensaladas, o simplemente frito y servido con vegetales.
Los chipriotas suelen comer el halloumi con sandía en los meses calientes de primavera y verano. No hay meze chipriota que no contenga un halloumi y lounza. este plato es simplemente una combinación de queso halloumi y una rodaja de jamón (en este caso se prece al melón con jamón español), o una salchicha de cordero (se discute sobre cuál es el auténtico lounza) simplemente y cortado en rodajas sobre su superficie y luego puesto a la parrilla. El Halloumi se suele tomar también con sándwiches con beicon, pero puede tomarse sólo o con ensalada. (es.wikipedia.org)

Παρασκευή 10 Δεκεμβρίου 2010

ΚΥΠΡΟΣ 4


REGRESO

Aunque mi cuerpo recorra países extraños, mi alma
recorre mi país.
Allí donde florece el amor, que corra mi vida
regiamente y que envejezca.

Adornad nuestros navíos –blanca paloma mía-
vamos en buena hora,
vamos lejos, al verano azul, eterno
y eterno de Chipre.

Veamos si viven nuestros amigos de dorados ojos,
ojos de las estrellas,
veamos nuestros campos, trozos de oro,
alma pequeñas de los niños.

Vamos a ver a la madre que floreció entre desvelos,
a una lágrima que espera.
Vamos a besar sus viejas manos,
antes de que, pálidas, cuelguen.

Que nuestra mano real prepare la tierra,
para que nos reciba muertos.
Esta tierra nos engendró, ella nos ha modelado
nuestro cuerpo varonil.

Amasó nuestros pensamientos con abundante color,
pensamientos como flor.
¿Por qué ir a dejar en otra tierra el cuerpo
y los pensamientos?

Kyrpos Chrysanthis / Chipre

en Antología de la Poesía Griega (Desde el siglo XI hasta nuestros días) [Edición Clásicas, 1997]
Trad.: José A. Moreno Jurado

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